LA OTRA CARA DE LA SUPERESPIRITUALIDAD

“De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombre entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre, y vosotros estáis envanecidos” (1 Cor. 5:1, 2).

Los creyentes de Corinto se creían muy espirituales. Tenían esta mezcla que se ve mucho hoy en día: una espiritualidad llamativa por un lado, y una carnalidad pronunciada por otro. Iban por la vida como muy espirituales y, a la vez, consentían al pecado sexual. Eran a la vez superespirituales y carnales. Y encima, envanecidos, creyéndose mejores que otros, pero no daban importancia a lo más bajo del pecado sexual, en este caso, el incesto. No entraba en su espiritualidad sus ideas acerca de la sexualidad, solo la parte religiosa de la vida. A lo mejor tampoco entraba en su concepto de la espiritualidad su vida laboral, ni su uso del dinero, o su forma de vestir.

El hombre en cuestión se acostaba con la mujer de su padre. Evidentemente esto está mal, pero también lo es consentir este pecado, es decir, tener a este hombre en la congregación, porque su pecado manchaba toda la iglesia. Por lo tanto, Pablo dice: “Quita, pues, a este perverso de entre vosotros” (5:13). Notemos que la bronca no iba a por él, sino por los que lo consentían, porque algo fallaba en ellos. La iglesia igual pensaba: “No hay nadie perfecto”, o “El que no tiene pecado tire la primera piedra”, o “el amor cubre una multitud de pecados”. Pero Pablo no piensa así. El apóstol está preguntando como pueden tenerse por tan espirituales si admiten, o toleran, el pecado sexual en su medio.

Hoy día tenemos muchas cosas parecidas entre nosotros. Tenemos iglesias que se creen espirituales, por sus dones o sus doctrinas, mientras dejan pasar la inmoralidad entre sus miembros. También tenemos a creyentes que se creen espirituales, que alaban al Señor con emoción y pasión, que oren con fervor, y luego ves las fotos que cuelgan en las redes sociales, y parecen inconversos. Cogen unas poses sensuales para hacer lucir su cuerpo, para seducir e incitar al pecado, iguales como los del mundo. No son hipócritas, sino ignorantes. No saben que la sensualidad no es compatible con la verdadera espiritualidad. ¡Pero la superespiritualidad y la carnalidad, sí que son compatibles, porque la superespiritualidad es carnal! Es llamar la atención a uno mismo, es la pasión carnal en el terreno espiritual, es la búsqueda de emociones, sensaciones, vibraciones, luces y colores, en el culto a Dios. Esto es el paganismo antiguo que incluía baile sensual y la prostitución cultual como parte de la adoración a los dioses. Por eso era tan atractivo y tan prohibido por Dios.

No puedes ser espiritual y acostarte con el novio, ni vestirte para provocar, ni cometer adulterio, ni jugar con el sexo, ni consentir la inmoralidad en tu iglesia, ni nada que se lo parece. La espiritualidad incluye la consagración del cuerpo a Dios: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es tempo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (6:19, 20). El cuerpo del creyente es del Espíritu Santo. Parte de nuestro culto a Dios es entregarle el cuerpo para su uso exclusivo. Nada de usar el cuerpo para provocar o seducir, y menos para practicar la inmoralidad. Los superespirituales lo hacen y son envanecidos, pero los creyentes temerosos de Dios, los realmente espirituales, no. Han comprendido que el cuerpo es del Señor y que lo tenemos que cuidar. Tenemos que vestirnos con modestia (1 Tim. 2:15), disciplinarnos, vestirnos para agradar a nuestro Padre, comer sabiamente, descansar lo suficiente, y proveer para el Espíritu Santo el ambiente en el cual Él puede estar a gusto en nuestro cuerpo y moverse con libertad para servir a Dios y a los demás. Que el Señor nos ayude a todos a usar nuestro cuerpo para su gloria.