SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR CORRECTAMENTE

“Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar” (Lu. 11:1).

Señor, enséñanos a orar correctamente, con reverencia y temor, / Aunque polvo y cenizas delante de ti, podemos, debemos, orar.

Pereceremos si dejamos de orar/ concédenos poder para orar, y cuando nos preparamos para encontrarnos contigo, Señor, sal tú a nuestro encuentro.

Dios de toda gracia, nos acercamos a ti con corazones contritos, quebrantados, / danos aquello que en tus ojos es precioso: la verdad en el hombre interior.

Danos una humildad profunda y la capacidad de sentir “la tristeza que es según Dios” que produce arrepentimiento;  / el deseo fuerte y confiado de oír tu voz y vivir.

Danos fe en el único sacrificio que puede expiar el pecado, /  para echar todas nuestras esperanzas, y fijar firmemente nuestros ojos, en Cristo, y en Cristo solamente. 

Danos paciencia para velar y esperar y llorar, aunque demore la misericordia esperada largo tiempo; / coraje para sostener nuestras almas desfallecidas, y confianza en ti, aunque nos mates.

Danos estas gracias, y entonces, que se haga tu voluntad; / Así, fortalecidos con toda poder, nosotros, por medio de tu Espíritu, y por tu Hijo, oraremos, y oraremos correctamente.

                                                                                   James Montgomery, 1771-1854

El himno está lleno de resonancias bíblicas. Aquí, algunas:                                             

“La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2 Cor 7:10).

“Aunque me mate, en Él confiaré” (Job 13:15, A. V.).

“Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecido con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones…” (Ef. 3:16, 17).

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar, misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb. 4:16).

“Y el Dios de toda gracia, que os llamó a su gloria eterna en Cristo, después de que padezcáis un poco de tiempo, él mismo os perfeccionará, afirmará, fortalecerá, establecerá” (1 Pedro 5: 10).