RESUMEN DE EZEQUIEL (2)

“Entona en canto fúnebre por los príncipes de Israel. Diles:… En una jaula y con grilletes lo llevaron al rey de Babilonia y lo enjaularon” (Ez. 19:9).

Ezequiel llora la suerte terrible que espera a los príncipes de Israel por su atroz pecado. Denuncia la rebeldía de Israel, habla del juicio eminente y promete restauración para que la mala imagen que han dado de Dios a las naciones sea corregida cuando vean a Israel convertido y reflejando la santidad de Dios. Pero de momento viene la espada de Dios en mano de Babilonia (Capítulos 20, 21). Viene una larga lista de los pecados de Israel que han provocado esta desgracia: falta de respeto a los padres, inmoralidad sexual, extorción, robos, de parte del pueblo, los príncipes, los falsos profetas y los sacerdotes. Israel ha sido una esposa adúltera para Dios (Capítulos 21-23). Entonces se produjo el desenlace más temido: Israel cayó. Jerusalén fue tomada y la amada esposa de Ezequiel murió en un mismo día.

El juicio ha caído primero sobre la casa de Dios, ahora toca al resto de las naciones. Viene una serie de profecías contra las naciones alrededor de Israel por su terrible pecado, pero son paganos, y no son tan responsables como los que han conocido la verdad y la han rechazado (Capítulos 25-32). Están incluidos: Amón, Moab, Edom, Filistea, Tiro y Egipto, todos bajo juicio.
Después de los juicios contra las naciones, Dios vuelve a llamar a Ezequiel a ser atalaya (Capitulo 33) de su pueblo Israel, como al principio (3:17). Hemos empezado de nuevo. Dios vuelve a afirmar que lo que cuenta no es cómo una persona empezó su vida de fe, sino cómo la termina. Sigue una denuncia muy fuerte contra los pastores de Israel que se han cuidado a sí mismos a expensas de las ovejas. Queda una segunda profecía contra Edom por haber matado a los judíos que huían de Israel cuando invadieron los babilonios (Capítulo 35).

Habiendo acabado los juicios, viene una de las presentaciones del Evangelio más claras en toda la Biblia. Empieza con el pecado y la ira de Dios desatados en el juicio, porque Israel por su conducta profanó el santo Nombre de Dios entre las naciones. Ahora, por amor a su Nombre, Dios los hará volver a su tierra y reivindicará Su propia santidad. Allí los limpiará de todo su pecado. Pondrá en ellos un nuevo corazón, su propio Espíritu, y el resultado será una vida de obediencia a Dios y de llevar fruto que le glorifique (Ez. 36:24-32). ¡Este es el Evangelio! La profecía siguiente es de los huesos secos que resucitan y cobran vida (Capítulo 37). Este es el método que Dios usa en la regeneración. Luego promete poner sobre ellos a David por Rey. Las dos cosas juntas son la resurrección del día final y el reino de Cristo como Rey sobre el trono de su padre David, lo que culmina nuestra salvación, la fase final. Solo hace falta que se quite el diablo de en medio para siempre y eso lo tenemos en los Capitulo 38, 39.

Los últimos capítulos tenemos más frescas en nuestra memoria. Son la visión del nuevo templo, del altar, de la gloria de Dios que vuelve a Israel y llena el templo y del río del Espíritu que fluye de él dando vida en abundancia. Habla de los ministros del templo, de la tierra de Israel y de la ciudad (Capítulos 40-48). Hay restauración completa, ¡pero mucho más de lo que cabe en esta página! ¡Ya lo veremos!