LA PACIENCIA Y LA ORACIÓN

“¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él. La oración de fe salvará al enfermo. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados” (Santiago 5:13-16).

Debemos mucho a los profetas. Sus vidas nos sirven de ejemplo: “Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas” (v. 10). En el texto que encabeza nuestra meditación, el apóstol Santiago enfatiza el hecho de que los profetas eran hombres de carne y hueso como nosotros. Pone a Elías como ejemplo de un hombre de oración. En los versículos 13 a 17 sale la palabra “orar” u “oración” siete veces. Si estas afligido, ora. Si estás enfermo, ora. Si has pecado, ora. Si eres justo, ora. Si necesitas una intervención directa de parte de Dios, ora. “La oración eficaz del justo puede mucho” (v. 16).

“Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, la tierra produjo su fruto” (v. 17, 18). Elías era como nosotros y oró y Dios hizo milagros. Este es el mensaje que Santiago está intentando comunicar, que no hace falta ser un superhombre para orar y conseguir resultados. A nosotros nos parece que este ejemplo está mal seleccionado, ¡porque tenemos a Elías como uno de los grandes de la historia! ¿Cómo podemos compararnos a él? Es lógico que Dios contestase a sus oraciones, pero no a las mías, porque no soy nadie importante. El punto que el apóstol está intentando hacer es que Elías fue semejante a nosotros emocionalmente. Tuvo sus altas y bajas. A veces era muy valiente, como, por ejemplo, cuando apareció delante del rey que lo buscaba para matarle y le declaró la palabra de Dios. Otras veces estaba desanimado, como por ejemplo cuando parecía ser el único creyente que quedaba fiel a Dios en Israel. Tenía miedo de la reina Jezabel y se escondía de ella para salvarse la vida. No siempre era un hombre de una gran fe, no obstante, oraba y Dios le contestaba. Muchos de nosotros tampoco tenemos una fe impresionante y constante, pero, no importa, ora, y Dios contestará.

La luz de Dios vino a través de él a toda una generación en Israel en un tiempo de apostasía terrible. Oraba y bajaba fuego del Cielo. Oraba y bajaba lluvia del Cielo. ¡Nosotros hemos de orar para que baje Jesús del Cielo!: “aguardando y apresurando el advenimiento del día de Dios” (2 Pedro 3:12, ¡correctamente traducido!). ¡Nada menos va a solucionar la problemática de este mundo! “Hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor” (Santiago 5:7).

Nuestras vidas están llenas de problemas y complicaciones. ¿Cómo las vamos a afrontar? Según este texto, hay dos cosas que nos hacen falta: paciencia y oración. Paciencia es la perseverancia en medio de muchas dificultades y grandes sufrimientos a los cuales no vemos ninguna solución. ¿Qué tenemos que hacer? Aguantar. Mantener nuestra confianza en Dios. No sucumbir a la tentación de desesperarnos. No hundirnos. Seguir adelante con fe en Dios a pesar de todo, como hizo Job en medio de la aflicción (v. 11). Esto es el significado de la paciencia. Y hemos de orar, como hizo Elías, a pesar de nuestro estado de ánimo. Paciencia y oración. Es una combinación ganadora. Si aguantamos y perseveramos, saldremos bien de todas nuestras pruebas.