CINCO DONES QUE DIOS DIO A DANIEL

“En el año tercero del reinado de Joacím rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió” (Daniel 1:1).

Una guerra hace pedazos la vida. Daniel habría tenido su vida estructurada y más o menos planeada cuando fue arrancado del lugar que había conocido toda la vida, separado de sus padres y familia, y llevado cautivo a Babilonia. Parecía un caos, pero Dios tenía todo contralado. Cuando la vida se trastorna, es cuestión de entrar en Su corazón y desfrutar de Su calma en medio del desorden.
¡Gracias a Dios por Jeremías! Ya llevaba veintidós años predicando, avisando y prediciendo lo que iba a pasar. Espiritualmente, Daniel estaba preparado para lo que le vino encima. En ningún momento se nos dice que perdió la calma.
Daniel, un muchacho en quien no hubo tacha alguna, de buen parecer, enseñado en toda sabiduría, sabio en ciencia y bien entendimiento, e idóneo para estar en el palacio del rey; apto para aprender las letras y la lengua de los caldeos (v. 4). ¡Esta es la descripción de Daniel! Tuvo tres años de formación intensiva en la cultura, el idioma y la mentalidad de Babilonia. La primera decisión que tomó era que no iba a integrarse o conformarse a la cultura pagana en la cual se encontraba inmerso, y esta es la primera decisión importante que un joven cristiano tiene que tomar: “Que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo agradable a Dios… No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Rom. 12:1, 2). Esto es lo que hizo Daniel. En los colegios, los institutos y las universidades los jóvenes de hoy reciben un adoctrinamiento que pretende conformarles a la mentalidad pagana actual, pero el joven cristiano resiste y está dispuesto a pagar el precio por ello.
Daniel hizo su parte y Dios le ayudó: “Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos” (v. 9). Le dio favor ante los ojos de sus tutores. Otras versiones pones “afecto” o “compasión”. Habrían comprendido que no quería conformarse a la cultura de sus captores. Puede ser que ellos también hubieran sido llevados a Babilonia desde otro país. Lo cierto es que habían sido desfigurados para no ser hombres. Sentían compasión de otros que sufrían en circunstancias contrarias.
Cuando Dios llama, equipa: “A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas la letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños” (v. 17). Daniel buscó la excelencia académica y espiritual, mantuvo su integridad, y Dios le dio favor a la vista de sus superiores, inteligencia, salud, el don de interpretar sueños, y a tres amigos formidables, jóvenes consagrados a Dios, con los cuales podía tener comunión. Este es un gran don, amigos creyentes, amantes del Señor y valientes. Juntos iban a dar testimonio del Dios vivo frente a todo el imperio babilónico.