EL RESULTADO DE LA REVELACIÓN

“Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible” (Daniel 2:31).
Es asombroso cómo Dios puede revelarse a líderes mundiales. Necesitamos más hombres como Daniel que pueden interpretar sus sueños. Dios había preparado a Daniel para este momento. Le sacó de su hogar y familia, le hizo cruzar un desierto, le puso en el palacio, le dio favor a los ojos de sus superiores, y le dio credibilidad para que cuando le dijo a Arioc que le llevase al rey porque tenía la interpretación del sueño, Arioc le creó. Al revelarle el sueño del rey, Dios le salvó la vida a Daniel y la de sus amigos. Daniel dio toda la gloria a Dios: “Daniel respondió delante del rey, diciendo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos lo pueden revelar al rey; pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días” (v. 27, 28). No se quedó con nada de gloria para sí mismo: “Y a mí me ha sido revelado este misterio, no porque en mí haya más sabiduría que en todo los vivientes, sino para que se dé a conocer al rey la interpretación” (v. 30).
Daniel lo dejó claro que el rey gobernaba el mundo porque Dios le puso en este lugar: “Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad” (v. 37); que su reino era temporal, pero que Dios establecería un reino eterno: “En los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (v. 44).
Nabucodonosor recibió la revelación de Dios: “El rey habló a Daniel, y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes, y el que revela los misterios, pues pudiste revelar este misterio” (v. 47), pero no aceptó la idea de su propia temporalidad. No quiso que su reino dejara de existir, así que produjo un plan alternativo para las edades. Hizo una estatua todo de oro: “El rey hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos…” (3:1). ¡No quería que ninguna dinastía sucediese el suyo! Rechazó los imperios de plata, bronce, e hierro. No estaba dispuesto a someterse al Dios del Cielo, sino quería el mismo ser adorado como dios: “Os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado” (3:5). ¡Este hombre ha desafiado a Dios!
No obstante: “Engrandeció a Daniel, y le dio muchos honores y grandes dones, y le hizo gobernador de toda la provincia de Babilonia… y Daniel solicitó del rey, y obtuvo que pusiera sobre los negocios de la provincia de Babilonia a Sadrac, Mesac y Abed-nego” (v. 48, 49). ¡Así que el resultado inmediato es que Daniel y sus amigos están gobernando Babilonia! (Así obra Dios: ¡los cautivos terminan gobernando!)Y el rey está demandando ser adorado como dios. ¡Veremos lo que Dios hace en respuesta! ¡No había terminado con él todavía!