EL SUEÑO DEL REY

“Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días” (Daniel 2:28).
El rey Nabucodonosor tuvo un sueño que el mundo necesita comprender, porque para muchos entenderlo significaría su salvación.
El rey soñó con una imagen inmensa, la figura de un hombre, representando la historia de la humanidad. Su cabeza de oro representa el imperio de Babilonia, su pecho y brazos de plata representa el imperio siguiente, el de Medo-Persia, su vientre y sus muslos de bronce representan el imperio de Grecia (Alejandro Magno), sus piernas de hierro y sus pies de hierro y barro cocido representan el imperio de Roma. Cada imperio tenía un estilo de gobierno diferente: el primero, monarquía absolutista: el rey es supremo y su palabra es ley. El segundo, monarquía menos absolutista: la ley está por encima del emperador. El tercero, una monarquía que luego se divide en diferentes reinos. El cuarto, la tensión entre el poderío militar (el ejército romano solía determinar quién sería el emperador siguiente) y la voz del “pueblo” (el senado).
La estatua fue tumbado por una piedra: “Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó” (v. 34). La piedra cortada por la mano de Dios es lo más importante del sueño. Significa que Cristo acabará con los reinos de este mundo y que su reino irá creciendo hasta gobernar el mundo entero. Reemplaza los imperios de este mundo con la teocracia, la justicia perfecta, bajo el gobierno de un Siervo-Rey que dio su vida por su pueblo, una combinación perfecta de amor y justicia.
El mundo ha tenido que probar toda clase de gobierno para comprobar que ninguna funciona perfectamente, y eso, por la condición del hombre. Es intrínsecamente injusto y su gobierno es corrupto. Cuántos hombres han subido al poder, cuántas guerras, cuántas promesas, y ninguno ha podido traer la paz, la justicia y bienestar a este mundo. Ahora mismo hay 250 millones de personas viviendo por debajo del nivel de la pobreza, con insuficiente comida, medicina, o agua potable. Las guerras no han cesado. Europa entera está bajo la amenaza del Islam extremista. El mundo está maduro para el “hombre sin ley”, un dictador mundial que promete paz, señal que el fin ya está cerca.
¿Y qué de “la piedra cortado sin manos” en tiempos del imperio romano? Es cuando el Señor Jesús nació y comenzó su reino que ha ido creciendo bajo persecución en medio de todas las clases de gobierno de este mundo. Cuando se complete, Él volverá para reinar en justicia, paz y amor.
Al hombre de la calle, ¿por qué le interesa esta información? Para que sepa que nunca habrá un gobierno humano perfecto, para que no ponga su esperanza en soluciones políticas, pero que tampoco sea cínico, porque la justicia existe. Viene de Cristo. Si queremos vivir en un mundo justo, primero tenemos que llegar a ser justos nosotros mismos, por medio de Cristo, y luego incorporarnos bajo su gobierno. Su reino al final triunfará. Cristo vendrá como Rey y reinará eternamente. Entonces la historia del mundo tiene sentido. Ha sido necesario probar todas las clases de gobierno para desear el único que funciona, el del Siervo-Rey, que lavó su pueblo con su sangre para hacerlo justo y apto para reinar con Él eternamente.