LA TRISTE CONCLUSIÓN

“Por tanto juré en mi furor que no entrarían en mi reposo” (Salmo 95:11).

La triste conclusión es que la mayoría de los que adoran a Dios no son creyentes: “Dios no se agradó de la mayor parte de ellos” (1 Cor. 10:5, LBLA). Los israelitas que salieron de Egipto pensaban que eran creyentes, pero a la hora de la prueba se veía que no, y se condenaron. Cantaron alabanzas a Dios (Salmo 95:1-7), pero no hicieron caso a la Palabra de Dios (Salmo 95:7-11).

De igual manera, tememos que muchos adoradores de hoy no son creyentes, porque no hacen caso a la Palabra de Dios. A la hora de la prueba se ve quién es salvo y quién no lo es. El Salmo 95 está repetido en 1 Cor. 10:1-12 y Heb. 3:7-19. Tenemos que tomar muy en serio el aviso que Dios nos da por medio del mal ejemplo de Israel: “Si oyeres hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón” (v. 7). Ellos oyeron la voz de Dios por medio de Moisés, nosotros por las Escrituras. Vamos a mirar 1 Cor. 10:1-12. La estructura es interesante: enumera cinco experiencias espirituales que todos tuvieron, hace constar que la mayoría no agradaron a Dios, y enumera cinco maneras de perderse, porque de esto se trata. Todos los israelitas creían que eran creyentes, porque habían tenido experiencias religiosas importantes, pero en la prueba mostraron que no lo eran: “de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto” (v. 5) y no entraran en la Tierra Prometida. “Y estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros para que no” (v. 6):

Codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron (v. 6).

Seamos idólatras, como algunos de ellos (v. 7).

Forniquemos, como algunos de ellos fornicaron (v. 8).

Tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron (v. 9).

Murmuremos, como algunos de ellos murmuraron (v. 10).

“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (v. 11). La amonestación es lo siguiente: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (v. 12). “Caer” significa caer en uno de estos pecados y quedar postrado en el desierto (v. 8); significa no llegar a la meta (v. 9); significa perecer por el Destructor (v.10).

¿Quiénes son los que pensamos que estamos firmes? Tú y yo. Los evangélicos en general, los que tenemos una base sólida en la Palabra de Dios y que hemos sido bautizados y participamos de la mesa de Señor. Esto es lo que el texto dice: “Que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar (símbolos del bautismo en agua y en el Espíritu Santo), y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual (símbolos de la mesa del Señor); porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (vs. 1, 4). Después de tener estas experiencias, se perdieron. ¡Casi no entra en nuestra cabeza! Pero, ¿cuántas personas han pasado por tu iglesia para después desaparecer? Ya lo hemos visto. Un hombre joven es abandonado por su esposa y cae en la tentación del sexo con muchas. Otros caen por el materialismo y el afán del dinero. Otros se rebelan de la providencia de Dios, o en contra de los líderes que Dios les ha dado. El bautismo y la mesa del Señor no garantizan nuestra salvación, solo la fe, es ésta se ve viable o no sobre la marcha.