RESTAURACIÓN

“En aquel tiempo me fue devuelta mi razón y la majestad de mi reino, y mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis consejeros y mis grandes me buscaron y fui restablecido en mi reino, y me fue añadida una preeminente grandeza” (Daniel 4:36).    

 El rey pasó por una experiencia horrible, pero al final pudo decir: “Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas y sus caminos justos” (v. 37). Dice esto como una verdad acerca de Dios y también acerca de Su trato personal con él, de lo que Dios hizo en su vida. Muy posiblemente has tenido que pasar por experiencias muy difíciles, pero si finalmente te han conducido a un profundo conocimiento de Dios, le alabas por haberlas permitido. Su trato con nosotros tiene que ver con cómo somos. Hace lo necesario para enderezar nuestras vidas. Puede ser que seas creyente desde hace años, pero una creyente mundana, o conflictiva, o manipuladora, o histérica, o muy segura de ti misma, ¡siempre tienes razón!; sea como sea, Dios te ha amado y ha organizado las circunstancias necesarias en tu vida para conducirte al final de ti misma. El salmista dice: “Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste. Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho a tu siervo” (Salmo 119:75, 76).
            A fin de cuentas todo pecado en nuestra orientación personal tiene sus raíces en el orgullo. El quebrantamiento de nuestro orgullo es necesario. Nabucodonosor tuvo que reconocer su orgullo y la justicia de Dios en lo que le hizo pasar: “Él puede humillar a los que andan en soberbia” (v. 37). ¡Dios pudo con él!“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Prov. 16:18). “La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra” (Prov. 29:23) “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” (1 Pedro 5:6). Esto lo hizo Nabucodonosor y Dios le exaltó. Antes tuvo gloria y majestad, pero con orgullo. Dios le humilló y le devolvió su gloria y majestad, pero a un rey humillado. Ahora lo más valorado de sus posesiones es la humildad. 

            Así son los caminos de Dios. Es lo que le pasó a Job. No tuvo orgullo, era perfecto (Job 1:1, 8). Dios le probó y Job mantuvo su perfección. Al final de la prueba Dios le restauró el doble de lo que tenía antes, pero con un conocimiento aun más profundo de Sí mismo. Jesús fue perfecto, fue probado y él mismo se humilló, y “Dios le exaltó hasta lo sumo, y le dio un Nombre que es sobre todo nombre” (Fil 2: 8-9).

 Estos son los caminos de Dios. Si te hace pasar por experiencias horribles, acepta el sufrimiento de su mano, humíllate bajo su poderosa mano, y Dios te exaltará cuando fuere tiempo. Entonces Dios puede confiar en ti, en que la exaltación no te subirá a la cabeza, porque la humildad te protegerá.