CUESTIONES DE HISTORICIDAD

“Recalentado con el vino, Belsasar mandó a traer los vasos de oro y plata que Nabucodonosor su padre había sacado del Santuario de Jerusalem, para que bebieran en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas” (Daniel 5:2).
Tenemos que hacer un paréntesis en la historia de Daniel para considerar unas cuestiones históricas. En el comentario sobre Daniel escrito por Ronald S. Wallace leemos lo siguiente: “Los resultados de una investigación histórica nos indican que a Nabucodonosor no le sucedió nadie de sangre, sino un usurpador llamado Nabónido. También sabemos que el hijo de Nabónido, Belsasar, nunca fue rey de Babilonia; que nadie llamado “Darío el medo” puede encontrarse en los anales históricos y que babilonia cayó a manos de Ciro el persa”.
Los liberales usan estas supuestas discrepancias entre la Biblia y la historia para minar la fe de jóvenes creyentes en seminarios teológicos, y efectivamente, algunos lo logran hacer. Estos profesores enseñan que la Biblia no pretende ser un libro de historia, que lo importante es la moraleja de la historia narrada, no su historicidad. Sin embargo los escritos bíblicos afirman que no han seguido “fábulas” al contarnos la historia sagrada: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros ojos su majestad” (2 Pedro. 1:16). ¿Qué pasa, entonces, con estos datos? Hay que seguir investigando. Algunos criticaron la historicidad del evangelio de Lucas y del libro de los Hechos, escritos por Lucas, con detalles de esta clase, pero una rigorosa investigación histórica ha dado la razón a Lucas. Y ahora este autor es respetado por su exactitud histórica y considerado una autoridad para los historiadores seculares.
Nuestra actitud frente a estas aparentes contradicciones es la de tener la suficiente humildad de dejar estas cuestiones técnicas en manos de los expertos. No hace falta un doctorado en historia o literatura semítica para tener fe en Dios. Aceptemos la Biblia cómo es: inerrante, y dejemos que estas cosas se resuelven a su manera, porque explicaciones hay.
Ronald S. Wallace escribe: “La palabra “padre” podía referirse al sentido poco especifico de “predecesor”. Asimismo se sabe que el verdadero padre de Belsasar, Nabónido, estaba enfermo, y por tanto, no estaba reinando y que pudo haber nombrado a Belsasar como regente cuando cayó Babilonia, siendo reconocido como “rey” en este sentido. Se puede mantener que “Darío el medo” era otro nombre para un oficial del rey persa, Ciro, llamado Gobrias, a quien aquel nombró gobernante de Babilonia por un período breve tras su conquista de la provincia”.
¿Qué sacamos de todo esto? Que siempre habrá los que ponen pegas a los datos históricos narrados en las Escrituras para desacreditar la Biblia, pero no vamos a caer en esta trampa. Todo tiene su explicación. Que este ejemplo sirva como botón de muestra. Vamos a quedarnos con el mensaje: Dios pone reyes y quita reyes, y Dios quitó a Belsasar porque este hombre colmó el vaso de la ira de Dios contra él por su orgullo, su irreverencia hacia lo sagrado y su falta de respeto hacia Dios sabiendo la verdad acerca de Él. Dios le juzgó.