DONES Y CUALIDADES

“Daniel era fiel, siempre responsable y totalmente digno de confianza” (Daniel 6:4, NTV).
Daniel prosperó bajo todos los reyes de Babilonia y Persia, uno tras otro. Vivió muchos cambios de administración, pero siempre destacaba, y esto por dos motivos, por sus dones, y por sus cualidades de carácter. En la administración de Nabucodonosor, cuando Daniel interpretó su primer sueño, el rey “lo constituyó gobernador de toda la provincia de Babilonia, y príncipe sobre todos los sabios de Babilonia” (2:48). Cuando leyó e interpretó la escritura en la pared en el reinado de Belsasar el rey le dio honores y “proclamaron que él era el tercer señor del reino” (5:29). Se supone que el padre de Belsasar, Nabónido, era el rey, Belsasar el regente, y Daniel el tercero. Ahora, bajo la administración de Darío, Daniel era uno de los tres gobernadores, “pero este Daniel era superior a los sátrapas y gobernadores, porque había en él un espíritu superior” (6:3). Ya no estamos hablando de dones, sino de cualidades.
Los dones vienen directamente de Dios, de su elección soberana. Son su provisión para equiparnos para el ministerio que quiere que desempeñemos, pero su uso tiene que ver con la responsabilidad humana. Para que realicen su propósito y para que la persona lleve a cabo la óptima expresión del servicio que Dios le encomendó, estos dones necesitan estar acompañados por un carácter excelente. Daniel tenía las dos cosas: dones y excelencia: “Entonces los demás administradores y altos funcionarios comenzaron a buscar alguna falta en la manera en que Daniel conducía los asuntos de gobierno, pero no encontraron nada que pudieran criticar o condenar. Era fiel, siempre responsable y totalmente digno de confianza” (6:4). Daniel tenía unos dones sobrenaturales que Dios le había dado, pero sin el carácter intachable que Daniel mismo cultivó, no podría haber realizado los propósitos que Dios tenía para él, a saber, de dar testimonio del Dios del Cielo en un mundo pagano.
Si Daniel interpreta un sueño y le dan un lugar de importancia en el gobierno del país y él resulta ser una persona desorganizada, perezosa, caótica, de mal genio, deshonesta, indisciplinada y autoindulgente, no habría servido el propósito de Dios. La gente nunca habría llegado a saber cómo es el Dios verdadero. Cuando él hablara de Dios, no le harían caso. Si el Señor te ha hecho brillante, pero no tienes claras tus prioridades, si malgastas el tiempo, si siempre llegas tarde, si te comprometes pero no respondes, si no controlas lo que comes, si no cuidas de tu cuerpo, si no eres una persona disciplinada, no vas a realizar todo lo que Dios te creyó para que lo hicieses.
Pongamos que tienes unos dones destacados de evangelización, pero luego no visitas tus contactos, ¿para qué te sirven? Si tienes dones para escribir y no terminas tus libros o no los preparas para publicación, no has hecho más que malgastar el tiempo. Si tienes un pico de oro y puedes predicar sermones maravillosos, pero no cuidas tu reputación, y sobre tus relaciones con el sexo opuesto, tu testimonio estropea tu ministerio. Si eres líder de jóvenes y no atiendes pastoralmente a tu gente, no tendrás gente para liderar. Si eres pastor y malgastas el dinero, tu pastoreo terminará pronto. Si tienes el don de cantar, pero no cuidas tu vida sentimental, tu físico, tus relaciones personales, estropearás tu ministerio. Los dones tienen que ir acompañados por un carácter que glorifica a Dios. Este fue el caso con Daniel y su vida glorificó al Señor.