JUSTICIA Y MISERICORDIA

“No hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades y entender tu verdad. Por tanto, Jehová veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus obras que ha hecho, porque no obedecimos a su voz” (v. 11, 13).
Se necesita el favor y la gracia de Dios para dejar nuestras maldades, nuestros pecados enganchados, y entender su verdad, que es su Palabra, y andar conforme a ella. Esto no lo hizo Israel. Permaneció en su pecado y, por tanto, cosechó las consecuencias. Y Dios ha sido justo al destruir la nación por su desobediencia. Este versículo no dice que Israel ha roto la ley de Dios, sino que ha desobedecido su voz. No estamos hablando de legalismos, sino de relación. La Palabra de Dios es su voz, y el que no la obedece no tiene la Palabra como la voz de Dios y no la oye. Israel no ha amado a Dios lo suficiente para escucharle. Dios los ha castigado como cualquier padre castiga a su hijo si no le escucha. La necesidad de hacerlo ha dañado el testimonio de Dios en la tierra, porque las naciones han entendido mal la derrota de Israel pensando que Dios no ha podido salvar a su pueblo de Babilonia.
La misericordia no anula la justicia. Muchas personas piensan que sí. Piensan que Dios nos perdona porque nos ama. No es así. Ni siquiera nos puede perdonar porque es misericordioso. Solo nos puede perdonar porque es justo, porque ya hemos pagado por nuestro pecado en Cristo: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9). Dios ha sido justo, Israel ha pagado, ahora Daniel está confesando su pecado y pidiendo misericordia: “Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos en derredor nuestro” (v. 16).
Daniel pide perdón y restauración en base a dos cosas: por amor al Nombre de Dios y por amor a su misericordia: “¡Oh Dios mío!, inclina tu oído y escucha; abre tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la que se invoca tu Nombre, porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias” (v. 18). Vuelve a insistir encarecidamente que Dios se mueva por amor de sí mismo, por amor a su Nombre: “¡Oh Adonay, oye! ¡Oh Adonay, perdona! ¡Oh Adonay, presta oído y hazlo! ¡Oh Dios mío, por amor de Ti mismo, no te tardes!, porque tu Nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo” (v. 19). Estos son sus argumentos para que Dios les perdone.
Ora tú, con limpieza de corazón, confesando el pecado en identificación con tu iglesia, familia o matrimonio como parte implicada; ora motivado por la gloria del Nombre de Dios y Su testimonio que están en juego; ora porque la sangre de Cristo ha sido derramada y Dios es justo; ora como Daniel, y Dios obrará.