LA INTERPRETACIÓN DE LA INTERPRETACIÓN

“Aquí fue el fin de sus palabras. En cuanto a mí, Daniel, mis pensamientos me turbaron y mi rostro se demudó; pero guardé el asunto en mi corazón” (Daniel 7:28).
La reacción de Daniel fue la misma que tuvo María cuando los pastores acudieron al establo para visitar el recién nacido Mesías: “Pero María guardabas todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2:19). Y es lo que nosotros debemos hacer con esta información, guardar estas cosas y meditarlas en nuestro corazón. En lugar de hacer más preguntas y querer saber lo que Dios no ha revelado, e inventarnos esquemas para explicarlo, lo que haríamos bien en hacer es meditar acerca de lo que Dios sí ha revelado: la iglesia espera un tiempo de terrible sufrimiento (v. 21, 25). ¿Mi teología lo admite? Si no, he de conformar mi teología con las Escrituras. Aun más importante es la pregunta: ¿Cómo está mi fe? ¿Puede resistir una persecución hasta la muerte?
Cuando el Señor hablaba de la persecución dijo: “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mateo 10:29-31). Jesús no está diciendo que no se va a caer ningún pájaro a tierra porque Dios los cuidará y no lo permitirá, sino que no caerán sin que Dios lo permita. Y ningún cristiano va a ser ejecutado sin que Dios lo permita. Y si yo me encuentro ante la tortura y la muerte, que sepa que Dios me ha entregado en manos de mis verdugos. Si sabe cuántos pelos hay in mi cabeza, cuánto más sabrá si mi cabeza entera se cae a tierra con todos mis pelos porque me han decapitado. En estos momentos lo que el Señor quiere que sepa es que Dios está presente, lo está permitiendo, y que yo tengo un gran valor en sus ojos. ¡Valgo más que muchos pajarillos!
Cuando pensamos en los mártires, los admiramos y su muerte nos pesa, pero pocas veces planteamos que esto nos podría pasar a nosotros. El aviso de Jesús es muy fuerte: “Seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 10:22). “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielo. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32, 33). Estas profecías de Daniel acerca de la persecución de los santos se han cumplido a lo largo de la historia y hoy día precisamente en la parte del mundo donde él vivía.
Oremos:
Oh Padre, Tú usaste a Daniel y Ester para llevar el conocimiento de tu bendito Nombre a todo el imperio persa. ¡Asombroso! ¡Solo dos personas!, juntamente con los amigos de Daniel y el primo de Ester. Eran personas de oración y ayuno que no amaron sus vidas hasta la muerte. Este imperio extendió desde Macedonia hasta Libia, desde Turquía hasta Paquistán; incluía lo que es hoy día Iraq, Irán, Jordania, Siria y Afganistán. ¡Qué la vida de Daniel siga dando fruto en toda aquella vasta región donde hoy hay tanta persecución! Bendice el terreno donde estos santos caminaban y sigue salvando almas y edificando tu iglesia por medio de otros como ellos que ahora llevan el testigo y están poniendo sus vidas para el Señor Jesús. Haz hoy lo que hiciste entonces por medio de tus santos fieles. ¡Que el Nombre de Cristo se extienda hoy por todo el antiguo imperio persa! Amén.