LAS BESTIAS Y EL PUEBLO DE DIOS

“Me acerqué a uno de los que asistían, y le pregunté la verdad acerca de todo esto. Y me habló y me hizo conocer la interpretación de las cosas” (Daniel 7:16).
La interpretación del sueño de Daniel de las cuatro bestias y del hijo del hombre es lo siguiente: “Estas cuatro bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra. Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente para siempre” (v. 17, 18). ¡Esta es una versión muy resumida de la historia humana! Solo hay dos puntos: el gobierno humano estará caracterizado por la tiranía; al final Dios entrega el reino a los santos. ¡Asunto concluido!
El sueño mismo había terminado con la entrega del reino al Hijo del Hombre. Ahora dice que será entregado a los santos del Altísimo. Se ve que son dos maneras de decir lo mismo. Es conceder mucha importancia a los creyentes. Somos los poseedores del reino que antes fue gobernado por estas prepotencias que se creían dioses. Y los creyentes que parecíamos la escoria de la tierra seremos los herederos del mundo entero.
Después de escuchar la interpretación, Daniel todavía queda perplejo y pregunta por la interpretación de unos detalles más y le fue dada una información muy dura: “Y yo veía que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía” (v. 21). ¿Cómo puede permitir Dios que su pueblo sea vencido? Esto es precisamente lo que tenemos que digerir, que cae dentro de los planes soberanos de Dios que su pueblo sea vencido durante un tiempo, aunque parece inaudito. Pero cuando lo vemos ocurrir, no debemos sorprendernos. Tenemos la confianza que Dios todavía está en control, porque ya hemos sido avisados. Sabemos que esta derrota cae dentro de los propósitos de Dios, pero que no es el final, porque después Dios juzgará a nuestros opresores, y al final heredaremos el reino: “…y los vencerá, hasta que vino el anciano de Dios, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibirán el reino” (v. 21, 22). Esta es la vista de pájaro a largo plazo de la historia de la iglesia.
Hacia el final de la historia, antes de llegar a este hermoso fin, los santos lo pasarán muy mal. Se levantará un rey que “hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará” (v. 25). El pueblo de Dios sufrirá terriblemente ¡dentro de la voluntad de Dios! Esta bestia “pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo, pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin, y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán” (v. 25, 27).
No nos tiene que extrañar si se levanta un dictador horrible que se declara en contra de Dios y casi destruye todo su pueblo. Está predicho que la iglesia va a pasar por una persecución feroz, atroz, un holocausto de proporciones desconocidos hasta ahora. Cuando ocurra, tendremos que recordar que ¡es Dios el que nos entrega en manos de nuestros enemigos!, lo mismo que hizo con su Hijo, y que no hemos de temer “a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar, más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28). El Señor Jesús nos consuela con la hermosa promesa: “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lu. 12:32).