¿PURIFICADO O CONSUMIDO?

“Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones” (Daniel 6:16).
Las pruebas que destruyen a otros que están fuera de la voluntad te purifican a ti, si estás dentro de ella. Con la ayuda del Señor y su gracia sobrenatural, las superas, y crecerá y tu fe; será purificada y profundizada. Cuando las mismas cosas pasan a los que están lejos del Señor, terminan acabando con ellos. Daniel y sus tres amigos pasaron por pruebas horribles, parecidas a las cosas que sufrieron los judíos que quedaron en Jerusalén contra de la voluntad de Dios tal como fue transmitida por sus profetas, pero los resultados fueron muy diferentes.
Dios dijo a Ezequiel: “Cuando la tierra pecare contra mi rebelándose pérfidamente, y extendiere yo mi mano sobre ella, y quebrantare el sustento del pan, y enviare en ella hambre… y si hiciere pasar bestias feroces por la tierra y la asolaren, y quedaré desolada de modo que no haya quien pase a cause de las fieras… o si yo trajere espada sobre la tierra, o si enviare pestilencia” (Ez. 14:13, 15, 17, 19), nadie se salvaría. Sin embargo Daniel y sus amigos pasaron por amenazas de muerte, por el fuego, y por bestias feroces, y no les pasó nada, al contrarió, Dios les salvó milagrosamente y ellos dieron testimonio por medio de sus aflicciones. Se cumplió en ellos lo que escribió el profeta Isaías: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderé en ti, porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador” (Is. 43:2, 3). El contraste entre lo que pasó en la prueba entre unos y otros es muy marcado.
El apóstol Pedro dijo lo mismo: “Sois guardados por el poder de Dios mediante la fe… para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro. 1: 5-7). Cuando nuestra fe pasa por el fuego, no es destruida, sino purificada por la presencia de Dios con nosotros.
El escritor del himno, meditando en lo mismo, escribió:
“Cuando por medio de pruebas de fuego pasa tu camino, mi gracia, toda suficiente, tendrás en abundancia: Las llamas no te harán daño; solo pretendo consumir tus impurezas y refinar tu oro.
No temas, Yo estoy contigo. ¡No te asustes! Porque Yo soy tu Dios y siempre te daré auxilio: te fortaleceré, te ayudaré, y te mantendré derecho, sostenido por mi justa, omnipotente mano.
Cuando por medio de aguas profundas te llamo a pasar, los ríos de tristeza no te anegarán, porque Yo estaré contigo para bendecir tus pruebas y santificar para ti tu aflicción más honda.
El alma que sobre Jesús se ha echado para reposar, no lo dejaré a sus enemigos; no puedo hacerlo. Aquel alma, aunque todo el infiero intenta hacerla tambalear, ¡Yo nunca, no nunca, no nunca la abandonaré!