SEGUNDAS NUPCIAS

“Esta generación adultera y pecadora” (Marcos 8:38; Mateo 12.39).
La nuestra no dista mucho de la de Jesús y es una de las señales del final de los tiempos: “Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre, porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mat. 24: 37-39). En esta generación se casan, se divorcian y se vuelven a casar. ¿Qué dice la Biblia referente a aquello? No se trata de nuestra opinión de lo que es justo y no justo; sino de lo que dice la Palabra de Dios. Vamos a mirar los textos que nos hablan de ello:
“Fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero Yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, hace que ella adultere, y cualquiera que se case con una repudiada, adultera” (Mat. 5:32).
“Y se acercaron a él unos fariseos para tentarlo, diciendo: ¿Es lícito que un hombre repudie a su mujer por cualquier causa? Él respondió y dijo: ¿No leísteis que él que lo creó, desde el principio lo hizo varón y hembra? Y dijo: Por esto dejará el hombre al padre y a la madre, y se unirá a su mujer, y vendrán a ser los dos una sola carne. Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unció al mismo yugo no lo separe un hombre… Y os digo que cualquiera que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera. Le dicen los discípulos: Si así es la situación del hombre con la mujer, no conviene casarse” (Mat. 19:1-12). ¡Los discípulos entendieron! ¡El casamiento ata de por vida! ¡Compromete!
“Los dos vendrán a ser una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, no separe el hombre lo que Dios unció en un mismo yugo. Y en la casa, los discípulos le preguntaban otra vez acerca de esto. Cualquiera que repudie a su mujer y se case con otra, adultera con ella, y si ella repudia a su marido y se casa con otro, adultera” (Mr. 10:1-12). El texto es igual que el anterior, pero con una sola diferencia: Mateo, escribiendo para los judíos que tenían la costumbre de estar casados un año sin vivir juntos, incluye la frase “a no ser por causa de fornicación”. Marcos no la incluye porque no atañe a los gentiles que no tenían esta costumbre. Si una mujer casada comete pecado sexual se llama “adulterio”, no “fornicación”. En el caso de los judíos, en el año de desposorios es llamado “fornicación”, porque todavía no se han juntado.
“Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera” (Lu: 16:18). Lucas, escribiendo para gentiles, dice lo mismo que Marcos. Así Mateo, Marcos y Lucas están de acuerdo. De otra manera, la Escritura se contradice, y nuestra teología no admite que hayan contradicciones en las Escrituras. Dios no se contradice.
“La mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido. Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriese, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adultera” (Romanos 7:2, 3).
“La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor” (1 Cor. 7:39). Esto es lo que pone la Palabra de Dios. ¿Decimos amén?