TEMPLO/ IGLESIA

“Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).
¿Cómo edificó Jesús su iglesia? No fue por conseguir que mucha gente le siguiese, haciéndose popular y estableciendo un sistema religioso, sino por la vía de la Cruz. La popularidad fue el plan del diablo para que evitase la Cruz. Cuando Jesús dio de comer a las multitudes, ellos querían hacerle rey (Juan 6:15), y los discípulos estuvieron de acuerdo, así que Jesús obligó a sus discípulos a entrar en barca y salir de aquel lugar y luego despidió a las multitudes, y se fue a orar (Mat. 14:22). No cayó en la tentación de establecer una iglesia de gente no redimida. Al final de su vida, poca gente todavía seguía a Jesús. Había perdido mucho de su gran popularidad. Sus mismos discípulos le abandonaron y el Señor murió. Después de resucitado, subió al cielo y desde allí envió su Espíritu y nació la Iglesia (Hechos 2). ¡Jesús ni siquiera estaba presente físicamente en el mundo cuando empezó a edificar su Iglesia!
La Iglesia no es el Templo. El templo es el lugar de la morada de Dios. En el Antiguo Testamento estaba ubicado en Jerusalén. Ahora es el cuerpo del creyente. Nuestro cuerpo es el lugar de la morada de Dios en este mundo (1 Cor. 6:19). La Iglesia es la congregación (Mat. 18:20). El edificio que llamamos iglesia es el lugar donde los cristianos se congregan para oír la Palabra de Dios, adorarle, y cuidar de los que se van convirtiendo. El Templo no fue en primera instancia un lugar de culto, sino el lugar de la morado de Dios. ¡Solo entraban los sacerdotes, y a la misma presencia de Dios, solo el sumo sacerdote una vez al año! (Heb. 9:7). La congregación acudía con sus sacrificios para obtener el perdón de sus pecados. Esperaban fuera cuando el Sumo Sacerdote entraba (Lucas 1:21, 22). El cuerpo del creyente es templo, y la congregación de creyentes es iglesia. Parece que la Iglesia en Europa se desmorona hoy día, pero, ¡ánimo!, el Señor sigue edificándola, y lo continuará haciendo hasta que vuelva a por ella. Este himno expresa nuestra confianza en que la Iglesia permanecerá, a pesar de todo lo que estamos viendo en nuestros días:
“Edificado sobre una roca la iglesia permanece, aunque muchos lugares de culto están cayendo. Se deshacen en todos los países, pero todavía suenan campanas llamando a mayores y jóvenes al reposo, invitando a almas angustiados a la vida eterna.
No en nuestros templos hechos con manos Dios el Omnipotente mora. En los cielos su Templo está, excediendo todos los templos de este mundo. No obstante, el que habita el cielo desea morar con nosotros en amor, haciendo de nuestros cuerpos su templo.
Somos la casa de Dios de piedras vivas, edificados para la habitación propia de Dios. Él llena nuestros corazones, sus tronos humildes, dándonos vida y salvación. Donde dos o tres buscan su rostro, él está en medio, mostrando su gracia, derramando bendición.
Durante el vaivén del tiempo, oh Señor, concede que cuando salga la invitación muchos vengan para oír la Palabrea de Dios donde prometes: Conozco los míos, los míos me conocen; vosotros, no el mundo, mi rostro veréis; mi paz os dejo, amén.
Nikolai F. S. Grundtvig, 1783-1872