DIOS LLEGA A LAS PROFUNDIDADES DE NUESTRO INTERIOR

“Respondió el rey y dijo a Daniel… ¿podrás tú hacerme conocer el sueño que ví, y su interpretación? Daniel respondió delante del rey diciendo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos lo pueden revelar al rey, pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios” (Daniel 2:26-28).
Vamos a regresar por un momento a la primera parte del libro de Daniel para meditar en un detalle que resulta ser enorme. El rey quería saber lo que pasaba dentro de su subconsciente, cosa que él mismo desconocía. ¿Cuántos de nosotros entendemos nuestro interior? ¿Qué significan nuestros sueños? ¿Por qué los tenemos? ¿Qué hay detrás? ¿Por qué tenemos los pensamientos y las aspiraciones que tenemos? ¿Qué es lo que nos mueve? Un sueño es lo que realmente deseo. Muchas veces ni yo lo entiendo. ¿Qué es lo que queremos más que nada?
Nuestros sueños no son siempre bonitos. Detrás puede haber egoísmo o perversión, como en el caso del rey. Él aspiraba a tener un reino eterno en el cual él mismo era rey. Esto es lo que sale a luz en el capítulo siguiente cuando hizo la estatua de oro que representaba a él mismo y su reino eterno. Aspiraba a tener grandeza. Otros tienen sueños de horror en que piensan que algo terrible les va a pasar. Se despiertan sobrecogidos y turbados.
¿Qué pasa en nuestro subconsciente? ¿Qué pienso cuando no estoy controlando mis pensamientos? ¿Cuáles son los temores que se esconden en las regiones oscuras de mi subconsciente donde yo mismo no puede entrar para explorar? ¿Cuál es su origen? Nosotros no tenemos acceso a lo más profundo de nuestro ser y realmente no nos comprendemos. Somos muy complejos y entran muchos factores que desconocemos. Nos ponemos a estudiar nuestro interior y no sacamos nada en claro. El rey se dio cuenta de sus limitaciones y pidió ayuda. En esto se mostró sabio. Necesitaba que alguien le explicase lo que pasaba en su mente mientras dormía. Esto es imposible, como bien le dijeron sus consejeros: “No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto del rey”. Pero hay un Dios en los cielos que sí sabe lo que nos pasa. Daniel lo expresó de esta manera: “Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos… El revela lo profundo y lo escondido; conoce lo que está en tinieblas, y con él mora la luz… Hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios” (Daniel 2:20, 22, 28). “El Espíritu todo lo escudriña, ¡aun lo profundo de Dios!” (1 Cor. 2:10). Si el Espíritu aun puede escudriñar los profundidades del corazón y la mente de Dios, ¡cuánto más la mente humana! ¡La mía! “Mas el que escudriña los corazones” (Rom. 8.27). Dios explora nuestros corazones. “Yo soy el que escudriña la mente y el corazón” (Ap. 2. 23). ¡Esto es maravilloso! Hay un Dios que llega a lo más profundo de mí ser donde yo no puedo llegar. Y, es más, me lo puede hacer saber si hace falta que lo sepa. Esta fue la experiencia del rey.
Cuando nuestro espíritu está turbado por algo dentro nuestro que no entendemos, clamamos al Dios que nos lo puede revelar: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos, y ve si hay en mi perversidad” (Salmo 139:24). Y el Señor lo hará para ordenar nuestra vida. Esto lo hizo para el rey y lo puede hacer para nosotros también. “¡Sea bendito el nombre de Dios!”.