EDIFICACIÓN O DESTRUCCIÓN

“Os reunís para peor, no para mejor” (1 Cor. 11:17).
“Edificaos sobre vuestra santísima fe” (Judas 20). Esta es la voluntad de Dios para nosotros. Él quiere que nos mantengamos llenos de su Espíritu y de su Palabra, y que vivamos en su gozo y en su poder, “en la onda suya”. O bien estamos en la onda suya, o bien vamos a nuestra bola y pensamos según nuestra vieja manera de pensar antes de conocer al Señor. Es muy fácil descentrarnos. Si sabemos lo que es andar con el Señor, comprenderemos que a veces no lo estamos haciendo. Hemos permitido que algo invada nuestra atmósfera de santidad. Esto suena locura a la persona que no es consciente si está cerca del Señor o lejos. La Biblia nos manda andar en el Espíritu, no en la carne. La mayoría de nosotros hacemos las dos cosas. A ratos andamos en el Espíritu, y a ratos andamos en la carne. Deberíamos reconocer cómo vamos en cualquier momento dado.
Hemos de vigilar las cosas que estorban nuestro gozo. A lo mejor estábamos bien, disfrutando de la comunión con el Señor, y nos hemos puesto a hablar con alguien, o hemos ido a un lugar, o hemos tenido un pensamiento, o una duda, o una crítica, o algo que ha cambiado nuestro estado de paz en el Señor. Si vamos a un culto, y hay cosas fuera de orden, ¿cómo nos afecta? ¿Nos ponemos a orar, o nos ponemos a criticar? ¿O nos ponemos de mal humor? Si recurrimos al Señor, podemos orar y dejar el asunto con Él. Si empezamos a hablar y despotricar, si nos hundimos y dejamos que la tristeza nos invada, perdemos nuestro “standing” en el Señor. Perdemos el gozo. No recibimos ninguna palabra de Él. La plenitud que teníamos cuando entramos se ha desvanecido.
No es fácil mantenernos permaneciendo en el Señor, pero es necesario si vamos a ser de bendición de los demás. ¿Cuáles son las cosas que te apartan de la comunión con Dios? ¿El mal humor de tu marido? ¿Cosas que ves en la televisión? ¿Cosas que dice tu pastor? ¿El pecado de otras personas? Hemos de aprender qué hacer en cada caso para no dejar nuestra comunión con el Señor y actuar en la carne. “La ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Ef. 4:26, 27). “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, calumnia y malicia” (Ef. 4:31). Hay que velar. Hemos de estar al tanto. ¿Estamos hablando de tonterías, o estamos edificándonos y a nuestros oyentes? (Ef. 4:29).
Si nos conocemos bien, sabremos cuales son las cosas que nos hacen perder la plenitud del Espíritu. Tenemos que saber qué hacer para que nada nos estorbe. El Señor Jesús andaba de esta manera y hemos de andar como Él anduvo (1 Juan 2:6). En cada tentación para no decir lo que no debemos, o revertir a la carne, y llevar la situación sin el Señor, necesitamos buscar la salida de Dios: “No os ha venido ninguna tentación que no sea humana….” (1 Cor. 10:13). Vamos a velar para conservar lo que hemos ganado y mantenernos llenos. Que no sucumbamos a la tentación de abrir la boca fuera del Espíritu. Que el Señor nos ayude a edificarnos, y no “desedificarnos”, es decir, a no perder la plenitud que tenemos en el Espíritu Santo. Amén.