EL MOTIVO DE LA VISITA ANGELICAL

“Él me dijo: ¿Sabes por qué he venido a ti?” (Daniel 10:20).
El ángel Gabriel vino en respuesta a la oración de Daniel después de un ayuno de tres semanas, suplicando comprensión e inteligencia para entender la visión que Dios le estaba dando. En aquel momento se encontró a la orilla de río Tigris acompañado de otros, pero solo él vio la visión. Después de fortalecerle para poder recibir la visita celestial, el ángel le dijo que había venido para explicarle lo que está inscrito en el libro de la verdad (10:21; 11:2) acerca de lo que va a suceder.
El ángel Gabriel estaba involucrado en un conflicto con el príncipe de Persia, pero que había sido desviado para hablar con Daniel. Parece que el príncipe de Persia es el ángel demoniaco, y sus huestes, que intenta impedir que Persia haga la voluntad de Dios. Con Gabriel esta Miguel, el ángel encargado de Israel. Gabriel fortaleció a Darío el Medo en el primer año de su reinado (11:1). Ha estado luchando en contra de los ángeles quienes se oponen a Dios y fortaleciendo a reyes para que hagan Su voluntad para su nación. Juntando toda esta información, entendemos que hay fuerzas espirituales detrás del gobierno humano, que los ángeles de Satanás pretenden ayudar a los líderes políticos humanos a oponerse a Dios en su gobierno mientras los ángeles de Dios los fortalecen para hacer Su voluntad. Así que hay conflicto en las regiones celestiales y conflicto en la tierra. El único lugar donde de hace la voluntad de Dios sin conflicto es en el cielo, por encima de los lugares celestiales. Así oramos:“Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Nos cuesta entender qué forma toma este conflicto entre ángeles, puesto que no pueden matarse porque son inmortales, pero se nos asegura que el conflicto es real, y que los resultados se sienten aquí en la tierra.
El ángel continuó hablando para explicar el futuro: habrá una sucesión de reyes en Persia, el cuarto declarará guerra contra Grecia. Su reino será dividido en cuatro. El rey del sur hará guerra contra rey del norte, y sigue una larga explicación del conflicto entre estos dos reyes. Finalmente habrá un líder político que “profanará el santuario y la fortaleza, y quitará el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora” (11:31). Daniel mismo no sabía quiénes eran estos personajes, y hasta la fecha ha sido tema de debate entre los estudiosos de la profecía. Lo obvio es que Dios lo sabía, pero no facilitó los nombres. Si hubiese querido hacerlo, como en el caso de Ciro, ya lo habría hecho, y también el nombre del anticristo, pero entonces nadie habría sido engañado por él y habría estorbado el curso de la historia. El propósito de Dios en darnos esta información no es meternos en un rompecabezas y discusiones interminables acerca que lo que no revela, sino en recordarnos que Él sabe el transcurso de la historia, quien reinará, cómo será su reinado, y cómo terminará. Esta información ha servido a los creyentes a lo largo de la historia, desde que fue revelado a Daniel, no para escribir la historia antes de que ocurriese, sino para afirmar nuestra confianza en que Dios reina: “El Altísimo tiene dominio en el reino del los hombres, y que lo dar a quien él quiere” (Daniel 4:25), que es el tema de este libro. Así los creyentes han podido enfrentar la muerte bajo la mano de crueles déspotas y soportar injusticias de monarcas malvados sabiendo que todo forma parte del plan preestablecido de Dios. De esta manera la escatología ha servido a todas las generaciones a lo largo de la historia, no solo la última, no para informarnos de los detalles de antemano, sino para fortalecer nuestra fe en que la historia está en manos de Dios.