FINALIZANDO

“Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justica a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (Daniel 12:3).
Evidentemente Daniel entraba en esta categoría. ¡Qué promesa más hermosa el Señor le da! Es el resumen de su vida en la tierra y una profecía de su vida venidera en la eternidad. Ha pasado la vida “enseñando justicia a la multitud”, no dando clases formales de gobierno civil, sino por el ejemplo de su integridad. Su vida de justicia ha impactado todo un imperio que extendía desde Macedonia hasta la India, y desde sus tiempos hasta los nuestros, y en todas las culturas, por dondequiera que la Biblia ha sido traducida. Por medio de él se sabe lo que es una vida honesta de fidelidad a Dios. A nosotros nos ha enseñado justicia. Hemos aprendido mucho meditando en su vida.
El versículo siguiente podría haber terminado el libro: “Pero, tú, Daniel cierra las palabras y sella el libro”. Parece que el mensajero celestial ha concluido la visita, pero luego añade una posdata: “Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará” (v. 4). Será la característica de los tiempos finales: un incremento de información en todas las áreas, gente viajando continuamente: trenes de alta velocidad, aviones, ordenadores, adelantos en la tecnología, para bien y para mal. Vemos avances en la medicina a la par que métodos más eficaces para llevar a cabo el aborto y la destrucción masiva nuclear. La vida se ha beneficiado y complicada con los adelantos.
El ángel concluye otra vez diciendo: “Y tú irás hasta el fin, y reposarás y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días” (v. 13). Esta es una palabra muy personal para Daniel. Él seguirá con lo que tiene Dios para él hasta el final de sus días, cumpliendo sus responsabilidades, viviendo como ha vivido siempre, de forma consecuente y responsable, en contacto con Dios con una profunda vida de oración, y trabajando para el gobierno persa y para el reino de Dios, las dos cosas, dando prioridad al segundo como siempre. Este es Daniel. Cumplirá el propósito de Dios para su vida, y reposará. Morirá, y resucitará para recibir su heredad al fin de los días. Otras versiones rezan, “levantarás para estar en su lugar asignado al fin de los días” (v. 13, RV60). Dios le tiene preparado una herencia y le pondrá en el lugar que le corresponde de acuerdo con el calibre de su vida.
Ha sido un siervo muy amado para Dios. Como él hay pocos en la Biblia, con el grado de santidad que ha manifestado toda la vida, desde la juventud cuando fue arrastrado de su casa a un país extranjero, enemigo del pueblo de Dios. Allí el Señor le tuvo preparado un ministerio que iba a impactar el mundo entero con una revelación de la soberanía del Dios de los cielos, el único y sabio Dios, el Soberano de los reyes de la tierra que gobierna el mundo con justicia y controla la historia de todas las naciones de la tierra, Dios nuestro Salvador, transcendente y cercano, el Dios omnipotente y el Dios que amaba a Daniel entrañablemente. Daniel ocupará su heredad al final de los tiempos y su lugar en el corazón de Dios eternamente.