GUERRA EN DOS FRENTES

“Entonces hubo una gran batalla en el cielo; Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus angeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo” (Ap. 12:7, 8).
Hemos estado hablando de dos realidades, una realidad material y otra espiritual, de dos realidades que coinciden. Vimos a Daniel orando y los ángeles de Dios obteniendo la victoria sobre los ángeles de Satanás. Victoria en un frente significa victoria en el otro. Hemos visto también que los ángeles fortalecen y ayuden a los creyentes en su parte de la lucha espiritual. Hay una interdependencia del cual nosotros normalmente no somos conscientes, y mejor que no lo seamos, porque nuestra mente no fue programada para entender las cosas que Dios no revela para nuestro entendimiento.
Ya sabemos que el libro de Apocalipsis depende mucho del libro de Daniel. En el capítulo 12 tenemos una ilustración de lo que estamos considerando, aunque nada fácil de entender. Tenemos una escena espiritual que representa la realidad material: “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corana de doce estrellas”. Esta mujer está a punto de dar a luz al Mesías y el diablo, como un gran dragón, está a punto de comerlo nada más nacer. La mujer vestida del sol es Israel, la Iglesia, el pueblo de Dios: “Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono”. Jesús nació, fue crucificado, resucitó y ascendió al trono de Dios donde Satanás ya no tenía acceso para dañarle, así que declaró la guerra contra los otros hijos de la mujer, el pueblo de Dios. Esto es la persecución de la iglesia desde tiempos de Cristo hasta la fecha. Todo esto ocurre en la tierra.
Mientras tanto, durante la vida de Jesús y su muerte hubo tremendo conflicto en el mundo espiritual: El diablo usó todos sus poderes, astucia, maldad e injusticia para destruirle. Pensó que lo había conseguido cuando le mató: “Hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles”. Pero Cristo resucitó y ascendió dando la victoria definitiva al lado de Miguel y sus ángeles: “Pero (los del dragón) no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo”. Satanás fue arrojado del cielo cuando Cristo subió al trono de Dios, porque ya no tenía razón al acusarnos delante de Dios, porque Cristo nos había justificado por su muerte en la Cruz. Satanás ya no tenía nada que hacer en el cielo.
“Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña el mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él… Ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”. Ha sido lanzado a la tierra, camino al infierno, “sabiendo que tiene poco tiempo. Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”. Esto explica el gran conflicto en que estamos involucrados ahora los creyentes. El diablo no puede dañar a Cristo, así que va a por nosotros, y usa dos armas principales en nuestra generación: nos quiere perder, asimilándonos al mundo, o nos persigue hasta la muerte. Ganamos la victoria por la sangre de Cristo que nos justifica de sus acusaciones y por dar testimonio del evangelio; o bien por medio del martirio (v. 11).