LA PRUEBA Y LA TENTACIÓN

“Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará. Y los sabios del pueblo instruirán as muchos; y por algunos días caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo… También algunos de los sabios caerán para ser depurados y limpiados y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado” (Daniel 11:32-35).
Los hay que rompen el pacto y se dejen seducir con las lisonjas y los engaños de este mundo, y por otro lado, los hay que conocen a su Dios. Éstos permanecen firmes y actúan, pero los otros resbalan y se apartan de Dios. La prueba sirve para mostrar quién es quién. Los que son del Señor son los sabios, entienden lo que está pasando, lo que hay en juego, y las terribles consecuencias de apartarse de Dios.
Pasan cosas terribles. Justo en el libro que nos cuenta cómo los amigos de Daniel no murieron en las llamas del horno de fuego ardiendo y cómo Daniel no fue comido por los leones, se nos dice que estos que son fieles a Dios caerán a espada y morirán en las llamas, serán llevados a la cautividad y sufrirán la pérdida de sus bienes. Y justo en este libro de grandes milagros que nos hablan del control de Dios en la vida de individuos y en la historia de naciones, Dios no interviene para salvarlos. Lo que entendemos es que bien puede; pero que no lo hace a propósito porque quiere refinar, purificar y emblanquecer a sus santos. Es necesario que pasen por estas pruebas. La tentación es capitular al enemigo o pensar que Dios te ha abandonado.
Una prueba tiene la finalidad de fortalecer tu fe. Una tentación tiene la finalidad de apartarte de Dios. Dios nos prueba, pero nunca nos tienta: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no… tienta a nadie” (Sant. 1:13). Los que “violaron el pacto” (v. 32) caen en la tentación porque están llevados por sus deseos. El creyente no es llevado por sus deseos, sino por sus principios. Daniel y sus amigos superaron las tentaciones en medio de las pruebas porque eran hombres de integridad. No cayeron en la tentación de salvar sus propias vidas a expensas de la verdad. Los amigos no sabían que Dios iba a intervenir para salvarles, y Daniel tampoco sabía qué iba a pasar, pero pronunciaron las palabras que son aptas para todas las pruebas: “Nuestro Dios, a quien servimos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo… pero si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses” (Daniel 3:17, 18). En nuestras pruebas, si Dios hace un milagro para librarnos, o si no hace nada, no vamos a claudicar.
Si tú estás en una prueba muy fuerte ahora, que sepas que el Señor la permite en tu vida para refinarte como el oro. Y el que permite las pruebas es el que nos enseña la salida de las tentaciones, porque las pruebas tienen sus tentaciones incluidas. La prueba tiene la finalidad de purificar la fe, y la tentación es buscar una salida equivocada de la prueba. Dios provee las salidas, y Él te pondré la perfecta para ti: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Cor. 10:13). Este es un buen texto para meditar en él y una promesa para ti en medio de lo que estás pasando.