LA VIDA CRISTIANA

“(El) es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha,” (Judas 24).
Se puede describir la vida cristiana en términos de nuestra relación con el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Hemos de conservarnos en el amor de Dios, permanecer en el Señor Jesús, y vivir en el Espíritu. Vamos a mirar las tres cosas:
“Permaneced en mí” (Juan 15:4).
El Señor Jesús dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto. El que no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (Juan 15:5, 6). Si permanecemos, llevaremos mucho fruto, si no, seremos echados al fuego. Otra consecuencia de permanecer es que Dios contestará nuestras oraciones: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (v. 7). Permanecemos si obedecemos la enseñanza de Jesús (v. 10). El resultado es que llevamos fruto y que nuestro fruto permanece. Tenemos una vida fructífera, llena del amor de Cristo para nosotros y amamos a otros. La vida cristiana es una vida de permanecer en el amor del Señor, obedecerle y amar a otros.

“Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).

Andar en el Espíritu es vivir en Él. Vivir según la carne es “pensar en las cosas que son de la carne” en lugar de los que son del Espíritu (v. 5). Es seguir los designios de la carne (v. 7), que significa vivir según lo que te pide el cuerpo. “Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios, mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros” (v. 8, 9). Vivir según la carne es vivir como los del mundo buscando tu propia realización, y satisfaciendo tus propios deseos. Si vivimos en el Espíritu, tenemos la gloriosa esperanza de la vida venidera con el Señor (v. 23), y la ayuda del Espíritu ahora en nuestra debilidad, tenemos su ayuda en oración para que oremos conforme a la voluntad de Dios (v. 27) y Él nos lleva a una íntima comunión con Dios por medio de la oración.

“Conservaos en el amor de Dios” (Judas 21).

Judas resume toda la vida cristiana: “Edificándolos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando (al) Señor Jesucristo para vida eterna” (v. 20, 21). Crecemos en la fe en nuestra vida práctica, oramos en el Espíritu, vivimos en el amor de Dios para con nosotros, amamos a otros con este amor, y esperamos la venida de Cristo, preparados, porque estamos cumpliendo estas instrucciones. Si nos separamos del amor de Dios, averiguamos la causa y lo arreglamos lo más pronto posible. Puede ser por el pecado o por el engaño de Satanás. En tal caso, confesamos y abandonamos el pecado, o reemplazamos la mentira de Satanás con la verdad de la Palabra. Así que, en correcta relación con el Padre, Hijo y Espíritu Santo vivimos una vida cristiana victoriosa, ¡como Dios manda!