MÁS TOQUES (2)

“Pero he aquí, uno con semejanza de hijo de hombre tocó mis labios. Entonces abrí mi boca y hablé, y dije al que estaba delante de mí: señor mío, con la visión me han sobrevenido dolores, y no me queda fuerza. ¿Cómo, pues, podrá el siervo de mi señor hablar con mi señor? Porque al instante me faltó la fuerza, y no me quedó aliento. Y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas” (Daniel 10:16-19).
Daniel recibió un segundo toque y un tercero, y con ellas las fuerzas necesarias para recibir la palabra de Dios para su situación, para continuar en la brecha, y para seguir orando. Nosotros también necesitamos repetidas toques de parte del Señor para recibir la palabra que ha sido detenida por actividad demoniaca. Aquí nos enseña que los ángeles de Dios estaban luchando contra los ángeles de Satanás que habían detenido la palabra para que no llegase a Daniel.
Necesitamos la palabra de Dios para nuestra situación tal como la necesitaba Daniel para la suya, pues él vivía en tiempos de la derrota del pueblo de Dios y Dios le iba a decir que un día esto acabaría y habría una victoria final y contundente para su pueblo. Esta visión le iba a dar ánimos al profeta y a los del cautiverio para seguir adelante, fortalecidos por la palabra del Señor. Contrarrestaba el pensamiento que Dios les había abandonado para siempre, cosa que le interesaba al enemigo que pensasen. Tenían que saber que un día no muy lejano saldrían de Babilonia, volverían a Israel y se restablecerían como nación, que siempre habría conflicto, pero que al final la victoria sería del pueblo de Dios. Evidentemente el enemigo no quería que esta palabra llegase. Quería que se resignasen a siempre estar en derrota. Esto favorecería sus propósitos, pero, ¡gloria a Dios!, los ángeles de Dios le frenaron.
A nosotros nos interesa entender lo que Dios aquí nos revela que, en otras palabras, es lo siguiente: Desde su Trono por encima del cielo Dios ha mandado un mensaje a tu móvil interior. Hay interferencia en la atmósfera (en el aire) de parte de angeles malos para romper la conexión para que la información no te llegue. Los buenos ángeles luchan contra los malos para restablecer la conexión, y te proveen cobertura para que el mensaje llegue a tu móvil, pero lo tienes que tener encendido y con pila. Entonces te llega la comunicación, el mensaje, el ánimo, los recursos, la sabiduría, el entendimiento, la gracia, el poder, o lo que sea que necesitas.
Pues, haz tu parte en esta tremenda lucha. Humíllate delante de Dios, haz este ayuno de 21 días (v. 3). Sacrifica la carne, el vino y manjares delicados para orar. Dispón tu corazón para recibir la Palabra, y si está detenida por fuerzas demoniacas, por interferencias del maligno, espera, espera hasta que los ángeles de Dios venzan a tu favor, para que te llegue la palabra que tú necesitas oír. No pierdas el ánimo. La victoria es de Dios.