TRIBULACION Y FINAL

“Será un tiempo de angustia cual nunca hubo desde que existen las naciones hasta entonces” (Daniel 12:1, BA).
La Tribulación servirá como catalizadora: hará que los creyentes se afirmen en su fe, mientras que la oposición se endurecerá y se volverá casa vez más violento en su incredulidad y maldad: “Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos entenderán” (v. 10). Habrá una clara separación entre los “sabios” y los “malvados”. La persecución resultante será feroz conduciendo a muchos al terrible martirio, pero finalmente habrá un ajuste de cuentas: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la muerte serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua” (v. 2). La injusticia del sufrimiento de los fieles clamará al cielo. En una situación así, se ve con total claridad la necesidad absoluta de una resurrección. Esta doctrina y confianza formaba parte de la fe de los creyentes del Antiguo Testamento. En medio del sufrimiento atroz el creyente se agarra a la firme convicción de que resucitará a vida eterna, que su muerte conducirá a muchos a la justicia y que él “resplandecerá como el resplandor del firmamento” (v. 3).
Daniel ya lo ha visto todo. “Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin” (v. 4). El final de esta vida es el comienzo de otra donde impera la justicia y el mal ya no existirá más. Daniel ya ha visto el transcurso de la historia del mundo desde sus tiempos hasta el final, y más allí del final, hasta la eternidad. Sabe que todo acabará bien, que el fin llegará en el tiempo designado por Dios, que el mal solo podría desarrollarse hasta los límites puestos por Dios, que habría un juicio final y que cada persona ocupará el puesto que le corresponde en la eternidad, él incluido: “te levantarás para recibir tu parte al fin de los días” (v. 13, BA).
Pero Daniel se queda con dos preguntas, v. 6 y v. 8. ¿Cuándo va a pasar todo esto? ¿Cuál ha de ser el desenlace final? Daniel no recibe una respuesta clara a sus preguntas, lo mismo que nosotros para las nuestras acerca del desenlace final de nuestras vidas. No sabemos cuánto tiempo nos queda en este mundo, ni cómo terminará nuestra vida, pero Dios sí que lo sabe, y seguimos caminado con Él por fe hasta el final: “Pero prosigue tu camino hasta el final” (v. 13). El mismo que ha sido nuestro Guía a lo largo de nuestra vida lo será hasta el final: “Me mostrarás la senda de la vida, en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:11). En este salmo tenemos al Señor conduciéndonos por la senda de esta vida hasta la Casa del Padre en la eternidad donde nuestro gozo será completo en la plenitud de su presencia. Como Daniel, no entendemos todas las cosas, pero podemos decir con Pablo: “yo sé en quien he creído, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día” (2 Tim. 1:12).