CIRO

“Así dice Jehová, tu Redentor, de Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás edificada; y al templo: Serás fundado” (Is. 44:28).
La profecía de Isaías acerca de Ciro merece nuestra atención. El retorno de Israel de Babilonia fue un milagro orquestado por Dios, un evento histórico de suma importancia, porque si Israel no hubiese vuelto a su territorio, habría desaparecido como nación y el Mesías no habría nacido de la línea de Abraham.
Dios había levantado a Ciro al poder y le estaba dando victoria sobre victoria hasta que llegó a conquistar el imperio babilónico, un estado totalitario, y reemplazarlo con un gobierno menos absolutista y más dispuesto a ayudar a sus sujetos: “Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, el cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él” (Is. 45:1). Dios le dijo cuáles eran sus propósitos para él: (1) Reedificar Jerusalén, (2) reconstruir el Templo. Muchas veces en esta profecía Dios enfatiza que le ha llamado por su nombre: “…para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo nombre. Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; te puse sobrenombre, aunque no me conociste” (45:3, 4).
Ciro era un emperador pagano que no tenía idea del Dios de Israel, sin embargo Dios le llamó por su nombre y le capacitó para cumplir el propósito que tenía para él. Al hacerlo, Dios se estaba revelando como el único Dios verdadero: “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí… yo Jehová, y ninguno más que yo” (v. 5, 6). Los de teología liberal tienen mucha dificultad con esta profecía porque no admiten ni milagros, ni la sobrenatural intervención de Dios en la historia humana. Dicen que este texto fue escrito después del evento, en el siglo V. Si esto fuese verdad, Dios no se da a conocer, ni se glorifica por levantar a Ciro, ni por salvar a Israel de la extinción. Solo habría sido un golpe de suerte que a Ciro se le ocurriese dar permiso a Israel para reconstruir. En tal caso, Dios se glorifica en falso; el texto no tiene sentido.
Según la International Standard Bible Encyclopedia, sobre Ciro, era un rey pagano llamado por Dios para hacer su voluntad. Isaías 41:25 sugiere que Ciro atribuye sus victorias al Dios de Israel (Esd. 1:2). Tomó la iniciativa en la reedificación de la ciudad de Jerusalén y en la reconstrucción del Templo (Esd. 3:8-11). La obra comenzó bajo su reinado, y sus sucesores Darío (522-486 a. C.) y Artajerjes (465-423 a. C.) lo llevaron a término. Su política hacia sus sujetos proveyó la base sobre la cual el decreto favorable de Darío fue promulgado (Esd. 6:6-12).
El historiador judío Josefo dice que Ciro llegó a conocer su destino leyendo las profecías de Isaías, admiró el poder divino detrás, y quiso colaborar con lo que estaba escrito de él, y que no sería de extrañar si fuese Daniel el que le enseñara estas profecías. La tumba de Ciro es un gran monumento en las afueras de lo que ahora se llama Merghals, lugar que él conquistó y donde construyó su capital en 550 a. C. El famoso cilandro de Ciro (538 a. C.) se halla en el Museo Británico en Londres. Tiene grabado en piedra un relato de su conquista de Babilonia sin derramar sangre y su programa de tolerancia religiosa; incluyendo su liberación de los exiliados judíos y su restauración del Templo. A esto concluimos que Dios vela por la supervivencia de su pueblo y utiliza los gobernantes de este mundo para cumplir sus propósitos. Como nosotros formamos parte de él, hará lo mismo con nuestras vidas (Salmo 138:8).