CÓMO EL SEÑOR SE DIRIGÍA A LA GENTE

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador” (Juan 15:1).
Cuando el Señor Jesús se dirigía a la gente, muchas veces usaba el condicional. Decía “si”, y cualificaba lo que afirmaba. Por ejemplo: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lu. 14:26). El Señor ponía las condiciones. No suponía que todos estuviesen dispuestos a pagar el precio, ni que toda la multitud iba a creer lo que decía. Siempre ponía la gente en dos categorías: los que escuchaban y creían, y los que no.
Nosotros, en cambio, normalmente nos dirigimos a una congregación como si el cien por cien fuesen salvos, como si todos fuesen espirituales y fueran a obedecer la enseñanza que estamos dando, pero no es así. Las promesas son condicionales. Vienen con un “si”. Si has creído de verdad, serás salvo.
Cuando leemos un pasaje, nos es aplicable, si cumplimos las condiciones. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mat. 16:24). Si no, que sepa que no es seguidor de Cristo. Hay muchos simpatizantes que pasan por creyentes, pero el Señor conoce los que son suyos y los suyos le conocen a Él. En Juan 15 el Señor pone muchas condiciones. Vamos a mirarlos:
Para ser verdaderos discípulos de Jesús tenemos que permanecer en Él, guardar sus palabras, obedecer sus mandamientos, y hacer lo que nos manda. Estas son las condiciones:
“Si alguno no permanece en mí, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (Juan 15:6, RSV).
“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, os será hecho” (15:7).
“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (15:10).
“Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (15:14).
En cuanto a nuestra relación con el mundo el Señor está diciendo que si el mundo nos ama, es porque no somos sus discípulos:
“Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros” (15:18).
“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, por eso el mundo os aborrece” (15:19).

El mundo es culpable delante de Dios, porque ha visto a Jesús y ha visto sus milagros. No tiene excusa:
“Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tiene excusa por su pecado” (15: 22).
“Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre” (15:24).
Si obedecemos al Señor, el mundo nos rechazará.