DOS MENSAJES MÁS

“Profetizaron Hageo y Zacarías hijo de Iddo, ambos profetas, a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén en el nombre del Dios de Israel quien estaba sobre ellos. Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Salatiel, y Jesúa hijo de Josadac, y comenzaron a reedificar la casa de Dios que estaba en Jerusalén” (Esdras 5:1, 2).
Ya hemos insertado la profecía de Hageo en su lugar dentro del relato de Esdras. Ahora tenemos que insertar las profecías de Zacarías aquí también para entender mejor lo que pasó a nuestros amigos, los judíos que habían vuelto del exilio. Empezamos con la profecía para Jesúa. Como sumo sacerdote él tenía que ser limpio para llevar a cabo un ministerio. Satanás estaba a su lado para acusarle: “Me mostró al sumo sacerdote Josué (Jesúa), el cual estaba delante del ángel de Jehová y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda, ¿No es este un tizón arrebatado del incendio?” (Zac. 3:1, 2). Jerusalén estaba en ruinas, pero Dios dice que ha escogido Jerusalén, aunque a todas luces parecía que no. Parecía que Dios la había abandonado para siempre. Cuando Dios escoge, no cambia. No importa lo que pasa a la persona, es suya, y Él hará lo necesario para que se ponga en condiciones. Estaba en ello.
“Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel” (v. 3). Jesúa estaba sucio delante de Dios y el diablo le acusaba para que Dios le negara acceso a su presencia debido a su pecado. Ningún ser humano, por bueno que sea, tiene derecho a presentarse delante de Dios en su propia justicia. Nuestro pecado es tan profundo que el diablo siempre tendrá motivos para acusarnos. Dios, el único que podría condenarle, vino a su defensa: “Y hablo el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esta vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala” (v. 4). Dios le quitó su pecado y le revistió de justicia. Esto es lo que hizo Cristo por nosotros en la Cruz: quitó nuestra ropa vil de inmundicia y nos revistió con su propia justicia haciéndonos aptos para presentarnos delante de Dios: “Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza… y le vistieron las ropas” (v. 5). Sigue una amonestación a vivir en obediencia: “Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tu gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre estos que aquí están te daré lugar” (v. 7).
¿Cómo pudo Dios quitarle su pecado? ¿En base a qué le perdonó? Lo explica a continuación: “He aquí yo traigo a mi siervo el Renuevo, que quitaré el pecado de la tierra en un día” (v. 8, 9). Esto es lo que hizo Cristo en la Cruz, quitó el pecado de la tierra en un día, el pecado de todas las naciones del mundo, el día que fue crucificado. El resultado es paz, prosperidad, bienestar y hermosa comunión los unos con los otros (v. 10). ¡Qué mensaje más precioso para Jesúa que va a servir como sumo sacerdote! Dios le quita su pecado para hacerle apto para desempeñar su ministerio de intercesión. El Templo será reedificado y Jerusalén sigue siendo escogido como morada de Dios. Jesúa continuará ofreciendo sacrificios en el Templo, una vez construido, pero un día vendrá el último con el cual Dios quitará el pecado de la tierra para siempre.
Si tú te sientes acusado al querer presentarte delante de Dios, este último sacrificio es el que te hace apto, quita tus ropas viles y te revista de ropas de gala; te da la misma justicia de Cristo con la cual puedes presentarte delante de Dios y encontrar plena aceptación. No descuides de andar por los caminos de Dios y guardar sus ordenanzas, y tendrás lugar con los que están delante de Él.