EL DIOS DE DANIEL

El Dios de Daniel… es “el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin. El salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra” (Daniel 6:26, 27).
En el libro de Daniel tenemos una revelación muy completa de Dios. Si solo tuviésemos este libro de la Biblia, podríamos conocerle, conocer a Cristo, y ser salvos. Vamos a entresacar los versículos que hablen de cómo es Dios. Léelos despacio y deja que la revelación te impacte.
Lo primero que vemos es que es un Dios de juicio. Juzgó a su pueblo por su pecado: “Vino Nabucodonosor rey de babilonia y Jerusalén, y la sitió, y el Señor entregó en su manos a Joacim rey de Judá” (1. 1, 2).
Es sabio, poderoso y Soberano: “Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyo son el poder y la sabiduría. Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. El revela lo profundo y lo escondido; conoce lo que está en tinieblas, y con él mora la luz” (2:20-2).
Supremo. “El rey habló a Daniel y dijo: Ciertamente el Dios vuestro es Dios de dioses, y Señor de los reyes” (2:47).
Libertador. “He aquí, nuestro Dios a quien servimos nos puede librar del horno de fuego ardiendo, de tu mano, oh rey, nos librará” (3:17).
Glorioso. “He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses” (3:25).
Soberano, humilde. “El Altísimo gobierno el reino de los hombres, y a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres” (4:17).
Eterno, Soberano. “Bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades… Él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (4:34, 35).
Justo. “Todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos” (4:37).
Odia el orgullo. “Puede humillar a los que andan con soberbia” (4:37). “Cuando su corazón [del rey] se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino” (5:20). “Contra el Señor del cielo te has ensoberbecido” (5:23).
Dios, Rey, y Salvador. “El Dios de Daniel… es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin. El salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra” (Daniel 6:26, 27).
Imponente. “Fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante del él; el Juez se sentó, los libros fueron abiertos” (7:9, 10).