EL MENSAJE DE HAGEO 

“Entonces vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta Casa está desierta? Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos; Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no nos calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto” (Hageo 1:3-6).
Nuestra primera impresión al leer estas palabras y que son muy duras. Parece injusto que Dios les esté echando una bronca por no trabajar en la construcción de su Casa cuando el decreto real prohibía. Los guardias civiles les habían obligado a dejar el trabajo. Aquí tenemos una lección importante. Es verdad que estaba en contra de la ley edificar la Casa de Dios, pero ellos se habían consolado diciendo que todavía no había llegado el tiempo para edificar. Lo decían con resignación como excusa para no estar involucrados en la obra. Usaban esta frase para acallar sus consciencias.
Es parecido a lo que pasaba en tiempos de Franco aquí en España. Estaba prohibido evangelizar. No se podía repartir folletos por la calle. No se podía predicar el evangelio al aire libre. Muchas iglesias estaban cerradas. No se podía reunir a mucha gente en una casa. La ley del país prohibía la evangelización, pero la ley de Dios lo exigía. Vino Operación Movilización en estos años a evangelizar por las cases y en las plazas y por las calles. Ofreció colaborar con las iglesias en el reparto de literatura, pero algunas iglesias dijeron que no se podía hacer, que la ley no lo permitía. Así que los jóvenes de OM lo hacían de todas formas, juntamente con las iglesias dispuestas a arriesgarse. Y no pasó nada. ¡Se hizo! Entrábamos por un lado de un pueblo, el más alejado del cuartel de la Guaria Civil, y empezábamos a ir casa por casa. A veces teníamos todo el pueblo cubierto antes de que nos echasen. Se predicaba en la calle con una furgoneta que llevaba plataforma y alta voces. En el poco tiempo que se montaba todo, predicábamos, cantábamos y repartíamos folletos. Después se recogía rápidamente y salimos pitando antes de que llegase la policía. Pasábamos muchas aventuras, pero la Palabra de Dios salía y las iglesias se animaron y mucha gente fue alcanzada con el mensaje del evangelio en aquellos años.
Desánimo más una buena justificación son una combinación idónea para no hacer nada y no contribuir a la obra de Dios. Una hermana tenía las dos cosa: su marido inconverso no quería que hiciera nada para ayudar en la iglesia y además ella tenía muchas otras responsabilidades familiares. Parecía que no era el momento para trabajar para Dios. Pero ella decidió que tenía que obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 4:19) y empezó a involucrarse. Ella ha sido una bendición indecible para la iglesia en su ministerio, y para la obra de Dios a través del mundo con su intensa vida de oración. Gracias a Dios por estas personas cuyo espíritu Él despierta (Esdras 1:5 y Hageo 1:14) para trabajar en la obra de la Casa de Dios que el Señor Jesús está edificando.
La pregunta obvia es si nos estamos dedicando a nuestras casas artesonadas a expensas de colaborar en la obra de la Casa de Dios ¿Nos justificamos con una excusa solo parcialmente válida? ¿Qué tendrá que hacer el Señor para despertar nuestro espíritu? Esta es una llamada a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, entonces todo lo demás nos será añadido.