EL REY CORONADO

“Tomarás, pues, plata y oro, y harás coronas, y las pondrás en la cabeza del sumo sacerdote Josué (Jesúa) hijo de Josadac” (Zac. 6:11).
Falta comentar una última profecía de Zacarías antes de volver a la historia de la reconstrucción del Templo de Jerusalén. Con estas palabras proféticas nuestros hermanos vueltos de la cautividad cobraron ánimo para trabajar en la Casa de Dios. Heldai y Tobías habían llegado a Jerusalén procedentes de Babilonia con dinero para la reconstrucción del Templo en forma de oro y plata. Dios le manda al profeta tomar esta plata y oro y hacer una corona para poner en la cabeza del sumo sacerdote Jesúa. Protestamos: “¡Esto no se hace! El sumo sacerdote no puede ser rey”. En Israel los dos oficios estaban bien separados, pero Dios se lo manda: coronar al sumo sacerdote y pronunciar estas palabras proféticas sobre él al hacerlo: “Así ha hablado Jehová de los ejércitos diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová. Él edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará en su trono, y habrá sacerdote a su lado, y consejo de paz habrá entre ambos” (v. 12, 13). A Jesúa el profeta tiene que hablar de aquel “Varón cuyo nombre es el Renuevo”. ¡Es un gesto simbólico de la coronación del Mesías! Cristo es “aquel varón cuyo nombre es el Renuevo”: Is. 11:1; Jer. 23:5, 33; Zac. 3:8. “Él edificará el templo de Jehová” (v. 12, 13) verdad que se repite dos veces para enfatizarla. Esto es lo que hemos ido diciendo, que Jesús es el que realmente edifica el Templo de Jehová, la morada de Dios, su Casa, su familia, su pueblo, la Iglesia, la Nueva Jerusalén, la ciudad Santa que descenderá del Cielo; todo habla de lo mismo. Así lo entendieron los apóstoles (1 Pedro 2:4-8). Como Dios lo repite varias veces, ¡nosotros también! El Señor Jesús está edificando la Iglesia de piedras vivas. El Templo de Jerusalén es un pequeño anticipo del aquella realidad transcendental.
El que edifica el Templo es Sumo Sacerdote además de Rey. En Él se unan los dos oficios (v.13). “Él llevará gloria”: la gloria de Dios llenará aquella Casa como llenó el Templo de Salomón después de su dedicación (2 Cron. 7:1), y como la gloria de Dios llevará su Casa eterna (Ap. 21:23). Él se sentará en el trono del universo como Rey de reyes y de su reino no habrá fin, como dijo el ángel a María (Lu. 1:32, 33). Cuando María preguntó cómo se hará, el ángel contestó que “el celo de Dios lo hará” Será un acto realizado por la exclusiva soberanía de Dios. Él coronará a su Hijo con gloria, y su gloria llenará los cielos y la tierra. Esto es lo que simboliza la coronación del Sumo Sacerdote Jesúa. Ellos tenían que guardar la corona en el Templo como recordatorio.
Dios ya había dicho que Zorobabel iba a ser rey (Hageo 2:20). Ahora por medio de Zacarías dice que Jesúa será el rey. Los dos juntos, Zorobabel y Jesúa, representan al Señor Jesús como Sacerdote y Rey escogido y coronado por Dios.
“Y los que están lejos vendrán y edificarán la Casa de Jehová, y conoceréis que Jehová me ha enviado a vosotros. Así será, si diligentemente obedecéis la voz de Jehová vuestro Dios” (v. 15). ¿Quiénes edificarán el templo? Los gentiles, los salvos de todas las naciones, cada uno una piedra preciosa y viva en esta gloriosa Casa de Dios. Nos conmueve ver que aquí estamos profetizados tú y yo, como piedras vivas que somos, parte de la morada de Dios, de su reino, bajo el gobierno del Rey de Gloria, el Señor Jesús.