LA ELECCIÓN DEL REY

“En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel hijo de Salatiel, siervo mío, dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos” (Hageo 2:23).
La cuarta profecía de Hageo, con la que concluye su libro, nos confirma en todo lo que estamos diciendo acerca de la gloria posterior del Templo, porque se trata de Jesús. No hay mayor gloria que la suya, porque su gloria es la gloria de Dios. Dios no comparte su gloria con nadie.
Vino palabra de Dios a Hageo para Zorobabel: “Habla a Zorobabel el gobernador de Judá, diciendo…” Antes de considerar lo que Dios le dijo a su siervo, unos datos técnicos: los reyes persas tenían la política de complacer a los pueblos que habían conquistado. No solamente los enviaron de vuelto a sus tierras respectivas para reedificar, también escogían líderes para ellos de sus propias familias reales, así reconstruyéndolos como pueblos. En el caso de Israel, Zorobabel era el que estaba en línea a heredar el trono de David. Por eso figura en la genealogía de Mateo: “Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, y Salatiel a Zorobabel” (Mateo 1:12). Es uno de los antepasados de Cristo. Los persas no le pusieron como rey de Israel, pues el rey y emperador era Darío, pero le pusieron como gobernador.
Dios le dice: “Yo hare temblar los cielo y la tierra” (Hageo 2:21). Habrá grandes cambios políticos “Trastornaré el trono de los reinos, y destruiré la fuerza de los reinos de las naciones” (v. 22). Luego viene la profecía sorprendente: “En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel hijo de Salatiel, siervo mío, dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos” (Hageo 2:23). Esta es otra profecía como aquel cuando Dios promete enviar a David, y en lugar de él, envía a Jesús (Ez. 34:24), o cuando promete enviar a Elías, y en lugar de él, envía a Juan el Bautista (Mal. 4:5). Ellos simbolizan al que tenía que venir. Lo mismo acurre aquí. Dios promete que Zorobabel será rey, y que tendría el anillo de sellar de los reyes. ¿Rey de qué? ¿Israel? ¿Y quién? ¿Zorobabel? Nunca lo fue. ¡Jesús! Él es “El Escogido”. Será Rey del mundo entero y del universo. Dios va a trastornar el trono de los reinos y destruir la fuerza de los reinos y pondrá a su Amado Hijo, a nuestro bendito Salvador, sobre el trono como Rey de reyes y Señor de señores y Él reinará por los siglos de los siglos. ¡Aleluya! Zorobabel es símbolo del Mesías. Nunca fue rey de Israel; Jesús es el Rey de los judíos. Esta profecía tendrá su único cumplimiento en el Señor Jesús.
El templo que los judíos que habían vuelto de la cautividad estaban construyendo tendrá su complimiento en la Iglesia de piedras vivas que Jesús está edificando, su reino, el reino de Dios, y sobre este reino Él gobernará como único y todo-glorioso Soberano, nuestro majestuoso Salvador, quien reinará por los siglos de los siglos. Amén.