LA SOLUCIÓN DE HABACUC

“Muy limpio eres de ojos para ver el mal, y no puedes contemplar impasible el agravio. ¿Por qué miras a estos pérfidos y guardas silencio cuando el malvado destruye al que es más justo que él? (Hab. 1:13).
Los caminos de Dios son más altos que los nuestros. Nos cuesta entender los métodos que usa para conseguir las metas que tiene en mente. Al profeta Habacuc le costó mucho entender el medio que Dios iba a usa para traer reforma a Israel. Es como si tú estuvieses orando por tu vecino. Él es un pecador normal, alejado de Dios, pero buena gente. Está sufriendo porque su hija se juntó con un hombre maltratador y la asistente social ha tenido que intervenir con unas medias drásticas y quitarle los hijos. Así que oras por él. ¿Y qué pasa? Otra desgracia más fuerte que la primera. La compañera sentimental de su hijo resulta ser mala persona y le calumnia y le desgracia, dejándole sin nada, y ¡la justicia dictamina a favor de ella! Ahora el vecino está destrozado. Sus dos hijos mal. La familia arruinada. Y clamas al Señor y le preguntas cómo es que las cosas van de mal en peor con el vecino cuando tú estás orando por él. ¡Dios está usando personas peores que él para corregirle! ¡Está obrando en respuesta a tus oraciones!
O pongamos otro ejemplo. Tú esta orando por tu iglesia. Ves muchas cosas que no deben ser. Lamentas el pecado y pides al Señor que cambie las cosas. La condición de la iglesia te causa sufrimiento y clamas a Dios y preguntas por cuánto tiempo más tienes que estar orando sin conseguir respuesta (Hab. 1:1). Lo que esperas es que vengan cambios para bien: que la música sea más atractiva, que haya más evangelización, que la escuela dominical pueda encontrar mejores materiales, que más gente venga a la reunión de oración, que se convierta gente del barrio, y que haya una buena programación para el grupo de jóvenes. ¿Y qué pasa? El pastor dimite y se produce un gran malestar en la iglesia que culmina en una división. Ninguno de los dos grupos tiene suficiente dinero para pagar el alquiler del local, y se cierre. Te quedas desconcertada, desconsolada, y no entiendes nada. ¡Dios está contestando tus oraciones!
“El justo por su fe vivirá” (Hab. 2:4). Frente al incógnito está la fe. Decides que vas a confiar en Dios. Dios castigará a los que deben ser castigados (Hab. 2:6-19). Sabes que es glorioso y santo y justo en sus juicios (3:3, 4). Crees que todo lo que hace y permite está motivado por la gloria de su Santo Nombre y la salvación y purificación de su pueblo. Tomas la determinación que, en medio de toda la destrucción que ves, todavía vas a regocijarte en el Señor: “Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación” (Hab. 3:18). Y confías en Dios para darte todos los recursos que necesitas para pasarlo: “Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar” (Hab. 3:19). Dios está apuntando a algo más allá del alcance de tu vista. Sabes y sientes y crees que todos sus caminos son perfectos, que Él está respondiendo a tus oraciones de esta manera, y en esto descansas.