LLEGÓ LA PALABRA DE DIOS

“Profetizaron Hageo y Zacarías a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén en el nombre del Dios de Israel quien estaba con ellos. Entonces se levantaron Zorobabel y Jesús y comenzaron a reedificar la casa de Dios que estaba en Jerusalén; y con ellos los profetas de Dios que les ayudaban” (Esd. 5:1, 2).
Ayer hablamos de la prueba. ¿Qué tenemos que hacer mientras dure? El escritor de este himno antiguo nos contesta en la cuarta estrofa. Cinco cosas:
Si tan solo dejas que Dios te guíe, y esperas en Él en todos tus caminos, Él te dará la fuerza, no importa lo que te pase, y te conducirá por los días malos; el que confía en el amor del Dios inmutable edifica sobre la roca inmovible.
¿Qué te adelantas con estas preocupaciones ansiosas, estos ayes y suspiros incesantes? ¿Qué ayuda recibes de lamentar cada momento oscuro que se presenta? Nuestra cruz y las pruebas solo pesan más a causa de nuestra amargura.
Tranquilízate y espera el tiempo de Dios en animada esperanza, con el corazón contento para recibir lo que sea que la voluntad y el amor discernidor de tu Padre hayan mandado. Conoce bien tus necesidades el que te escogió para ser suyo.
Canta, ora, y guarda sus caminos sin desviarte; en todo tu trabajo sé fiel, y confía en su Palabra; aunque nada mereces, todavía encontrarás que sea verdad para ti, que Dios nunca abandona en su necesidad al alma que en verdad confía en Él.
Georg Neumark, 1621-81
Ya habían pasado 16 años desde que colocaron los fundamentos con tanta celebración. Parecía que se quedarían como un triste recuerdo de un intento abortado. Seguramente algunos de los mayores que habían vuelto de la cautividad ya habían muerto. Pero las cosas no iban a permanecer así. Dios vela sobre su palabra para cumplirla. Lo que empieza, lo termina. Dios se puso en marcha para ejecutar sus propósitos. No bajó milagrosamente desde el cielo un Templo ya completado. Un día descenderá la nueva Jerusalén hecha por la mano de Dios, pero ese día no era. Estos judíos tenían que trabajar en la obra de edificar el Templo. ¡Este día sí, había llegado! Y Dios empezó enviando su palabra a sus profetas para espabilar a los desanimados judíos. Vamos a mirarlo: “En el año segundo del rey Darío, en el mes sexto, en el primer día del mes, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué (Jesúa) hijo de Josadac, sumo sacerdote, diciendo…” (Hageo 1:1). ¡Fabuloso! ¡Dios se está moviendo!
“Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado aun el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada” (v. 2). Tenían fe en que un día sería reedificada, pero creían que ese día no había llegado todavía. Dios les manda el mensaje de que sí, que ahora sí había llegado el momento: “Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué, sumo sacerdote, el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en el casa de Jehová de los ejércitos, su Dios, en el día veinticuatro del mes sexto, el segundo año del rey Darío” (v. 14, 15). Y el trabajo se puso en marcha. ¡El tiempo de prueba había terminado y había mucho trabajo que hacer!