“PERMANECER EN CRISTO” ES “LA VIDA EN EL ESPÍRITU”

Cuando bebemos de Cristo, nos llenamos del Espíritu (Juan 7:37-39). Pensaríamos que el Señor diría: “Ven a mí y bebe y te llenarás de mí”, pero lo que dice es: “Venga a mí y beba y de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu”. La persona no llega a ser un depósito del Espíritu, sino un canal del Espíritu por el cual él fluye para dar vida a otros.
Ya hemos visto en Juan 15 que la vida cristiana consiste en permanecer en Jesús, y que esto se hace permaneciendo en su palabra, guardando sus mandamientos, y haciendo lo que nos pide (Juan 15:7, 10, 14), que en otras palabras significa que el creyente vive en obediencia a la Palabra de Dios. Amamos al Señor Jesús y obedecemos su palabra: pide que amemos a otros (Juan 15:12). Amar a Dios y amar a otros, es el cumplimiento de la ley (Mat. 22:37-39). El amor es el fruto del Espíritu Santo (Gal. 5:22). Ser llenos del Espíritu Santo es ser llenos de la palabra de Jesús y produce el fruto del amor con todas sus facetas (Gal. 5:22). Vamos a mirar lo que dice Pablo de la vida en el Espíritu, que es lo mismo que permanecer en Jesús.
“Sed llenos del Espíritu” (Ef. 5:18). La llenura del Espíritu no es un fin en sí mismo, sino el medio para vivir según la voluntad de Dios, o para vivir la vida cristiana: “Mirad como andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad de Señor” (5:17). Para vivir en la voluntad de Dios hay que ser sabio con el uso del tiempo y hay que estar lleno del Espíritu, las dos cosas. Los resultados son cinco, todos gerundios que dependen del verbo “sed llenos”: hablando, cantando, alabando, dando gracias, sometiéndonos. Luego Pablo explica quién se tiene que someter a quién. La persona que anda en la voluntad de Dios: aprovecha sabiamente el tiempo, está siendo llenado continuamente del Espíritu (el verbo original lo expresa así), habla para edificar a sus hermanos con la Palabra, va cantando y alabando al Señor en su corazón (vive en el gozo de Dios), siempre está dando gracias la Señor, y anda en humildad, sometiéndose a la autoridad que Dios le ha puesto encima. Tiene una hermosa relación con Dios y con los demás.
Andar en la voluntad de Dios es vivir según las Escrituras. Es poner por obra las enseñanzas de Jesús. Es lo que Él llama “permanecer en mi palabra”. El Espíritu Santo nos llena para discernir la voluntad de Dios en las Escrituras y vivir de acuerdo con ella. La persona que está llena del Espíritu Santo usa provechosamente su tiempo para agradar a Dios y servir a los hermanos.
El pasaje paralelo en Col. 3 dice: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús dando gracias a Dios Padre por medio de él” (v. 16, 17). Estar lleno de la Palabra es igual que estar lleno del Espíritu, da los mismos resultados: edificas a los hermanos, cantas a Señor en el corazón, glorificas a Dios en todo lo que haces, siempre estás dando gracias a Dios. Exhibes la misericordia, la benignidad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia, el amor, la paz y el agradecimiento (v. 12-15), que son los frutos del Espíritu. ¡Es maravilloso como toda la Escritura concuerda!