SI PERMANECEMOS

“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15:7, 8).
La oración contestada depende de permanecer en Jesús lo cual conduce a la vida fructífera. Permanecer es vivir según su palabra, es ser escogido, es llevar fruto. No permanecer significa apartarse de Jesús. Es como una rama seca: no produce fruto. La vida no fructífera es la perdición: “El que no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (v. 6). Si hemos sido escogidos por Jesús, lo mostramos produciendo mucho fruto.
El discípulo de Jesús es el que permanece, es uno que ha sido escogido, es uno que lleva fruto. Es todo uno. En esta sección del evangelio Jesús está hablando de lo mismo desde diferentes ángulos. Una rama fructífera es un discípulo de Jesús, es uno que ha sido escogido por Él para glorificar al Padre dando mucho fruto. Permanece cerca del Señor, tan cerca que permanece en Él. Comparte su misma vida. Por eso da fruto. El mismo Espíritu que estaba en Jesús y que le capacitó para llevar una vida de fruto en infinita abundancia es Él que está en nosotros para producir mucho fruto.
Si permanecemos, dos cosas serán ciertas de nosotros: llevaremos fruto y Dios contestará nuestras oraciones. Si no permanecemos, Dios no contestará nuestras oraciones, porque no somos sus hijos. Oh sea, todo cristiano de verdad tiene la promesa que Dios va a contestar sus oraciones. Esta es una seguridad maravillosa.
Estamos hablando de cosas que están interrelacionadas: la oración respondida, la vida productiva, el fruto del Espíritu Santo, el carácter de Jesús formándose en nosotros, la presencia y obra del Espíritu Santo en el creyente, la transformación de nuestro ser a la imagen de Cristo, una vida eficaz, y llevar fruto. No se pueden aislar estas cosas. Forman parte de una gran unidad: el estar en Cristo. Todo depende de nuestra conexión con Jesús, permanecer en Él, estar en Él y Él en nosotros.
Permanecer en Jesús es obedecerle, es guardar sus mandamientos, es amar: “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (v. 9). El amor nos lleva a obedecer y obedecer es amar. Son verdades circulares. “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (v. 12). Amar es el fruto de permanecer. Amamos a Jesús, permanecemos en Él, y amamos a otros. Esto es toda una vida. Es la vida del creyente. Estas verdades son tan profundas que no las podemos sondear, pero un niño las puede comprender: es tener a Jesús en el corazón. Entonces Dios contesta nuestras oraciones y llevamos mucho fruto: amamos.