UNA PROMESA PARA NUESTRA ORACIONES

“No me elegisteis vosotros a mí sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Juan 15: 16).
El Señor Jesús nos ha elegido:

Para que llevemos fruto
Para que todo lo que pedimos al Padre en su nombre, él nos lo dé.

¡Esto es asombroso! Hemos sido elegidos para tener nuestras oraciones contestadas. Esto significa que nos ha elegido para estar llenos del Espíritu, orar en el Espíritu, y así recibir lo que hemos pedido. ¡Nos ha escogido para que funcionemos! No podemos ser eficaces sin conseguir lo que pedimos en oración. Todo el fruto que podemos dar depende de las respuestas a nuestras oraciones. Por ejemplo, Pablo no podía llevar fruto a no ser que Dios le abría puertas, que le llenase de su Espíritu, que le diese colaboradores, que le supliese en lo económico, que salvase su vida cuando en peligro, que le sanase, que le diese sabiduría, que abriese corazones a su palabra, que protegiese a los que llevaban sus epístolas, que le salvase de mordeduras de serpientes, naufragios, peligros, que le diese lugares donde hospedarse en sus viajes, le provéase de comida y abrigo, le diese trabajo, y que abriese los corazones de la gente para que escuchasen y creyesen el Evangelio. Todo esto vino en respuesta a la oración.
Lo mismo es cierto con nosotros. Dios no nos escogió para ser estériles, inútiles, ineficaces, estorbados y limitados para que no pudiesen hacer nada, sino para que superásemos todos los obstáculos y llevásemos fruto a pesar de todo, para que la mano todopoderosa de Dios se pudiese ver en nuestras vidas. Esta es parte del fruto, el revelar a Dios en nuestras circunstancias y mostrar que Él es capaz de proveer todo lo necesario para que hagamos su voluntad: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas, todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia” (2 Cor. 9:8, 10).
Esta es la segunda vez que el Señor da esta enseñanza. Los versículos 7 y 8 dicen lo mismo: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedido todo lo que queréis y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15:7, 8). Sigamos meditando en esto.