ALABANZA

“Nos rescató de nuestros enemigos, porque para siempre es su misericordia” (Salmo 136:24).
Bendito sea el Señor quien nos ha rescatado ya de nuestros enemigos. El enemigo no tiene poder sobre nosotros. Nuestra vida está en manos de Dios, no a la merced del enemigo. Cristo, por su muerte en la Cruz, nos ha librado de su poder. Es una liberación ya realizada. Demos gracias a Dios por ello y vivamos con esta convicción. Cristo pagó para que pudiésemos ser libres, libres de todo lo que nos ata: de temores, tristeza, culpa, dolor, depresión, desconfianza en Dios, lo que sea que el enemigo emplea para aplastarnos. Necesitamos dar gracias a Dios porque ya lo ha hecho. El darle gracias confirma nuestra fe en que ya lo tenemos: “Si crees, verás la gloria de Dios” (Juan 11:40).
“Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia. Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido del poder del enemigo” (Salmo 107:1, 2). Que lo digamos. Cuánto más le alabamos, más bendecidos somos, y cuánto más le damos gracias, más bendecidos somos. “El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios” (Salmo 50:23). Cuando nos ponemos a alabar a Dios, nos salva de nuestros enemigos y del plan que tiene el enemigo tramado contra nosotros. También nos salva de nuestros enemigos interiores de ansiedad, desconfianza en Dios, preocupaciones, temores y dudas, porque todos ellos proceden de no valorar a Dios, mientras que la alabanza procede de una fuerte confianza en su capacidad. Cuando vemos su bondad, su compasión, misericordia, comprensión de nuestra condición, y otros aspectos de su amor, nuestra respuesta es alabarle. En estas condiciones desmantelamos al enemigo. Si pensamos que Dios se ha comportado injustamente con nosotros, no le vamos a alabar. Pero cuando interpretaremos lo que nos ha pasado a la luz de lo bueno que es Él, le alabamos. En otras palabras, la alabanza nos da un enfoque correcto de Dios y disipa nuestros temores, y esta ya es la victoria sobre el enemigo. Una correcta valoración de Dios conduce a la alabanza y la alabanza derrota al enemigo. ¿Cómo puede hablar mal de Dios a una persona que está alabándole porque Él es bueno?
“Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre” (Salmo 100:4). La alabanza y acción de gracias nos abren la puerta a la presencia de Dios. Es la mejor manera de comenzar un tiempo precioso con Él y disfrutar de todo lo que Él es. En cuanto a mí, “Te alabaré más y más” (Salmo 71:14). ¡Qué compromiso más bueno!