EL FUNDAMENTO

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”
“Edificados sobre el fundamento del los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efes. 2:20).
Cuantas veces hemos de volver a este viejo himno para recordar las verdades aquí expresadas. Podemos esperar toda suerte de pruebas, pero el Señor nos dará el oportuno socorro.
¡Cuán firme fundamento, santos del Señor, ha sido puesto para vuestra fe en su excelente Palabra! ¿Qué más puede decir que no ha dicho ya, a vosotros quienes habéis huido al Salvador para tomar refugio en Él?

En todas las condiciones: enfermedad o salud, en el valle de la pobreza o con abundancia de riqueza, en casa o en el extranjero, en tierra o en el mar, como tus días exigen, así será tu fortaleza.

No temas, yo estoy contigo; oh, no estés consternado, porque yo soy tu Dios y todavía te daré mi ayuda. Te fortaleceré, te ayudaré, y te haré resistir, apoyado por mi omnipotente mano justa.

Cuando por aguas profundas te llamo a pasar, los ríos de dolor no te inundarán, porque yo estaré contigo, tus problemas para bendecir, y santificar para ti tu más profunda angustia.

Cuando en medio de pruebas ardientes tu sendero ha de pasar, mi gracia todo-suficiente será tu provisión. La llama no te hará daño; solo pretendo consumir tu escoria y refinar tu oro.

Aun hasta la vejez, todo mi pueblo probará mi amor soberano, eterno e inmutable; y entonces, cuando canas adornen tu frente, como corderos, todavía os llevaré en brazos.

El alma que sobre mí se ha reclinado para reposar, no quiero, no puedo, abandonarla a sus enemigos. Esa alma, aunque todo el infierno trate de sacudirla, yo nunca, no nunca, no nunca, la abandonaré.

Texto: Attr. A Robert Keen, ca. 1787.

“Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llamara arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador” (Is. 43:1-3).