FINANCIACIÓN

“Ahora pues, Tatnai gobernador del otro lado del río… dejad que se haga la obra de esa casa de Dios; que el gobernador de los judíos y sus ancianos reedifiquen esa casa de Dios en su lugar” (Esdras 6:6, 7).
Nada más reanudar la obra de reconstrucción, los judíos tuvieron complicaciones legales. El Gobernador Tatnai había cuestionado la legalidad de la reconstrucción de la Casa de Dios. Consultó al emperador Darío, y finalmente recibió la respuesta favorable para los judíos que vemos en el versículo de arriba, autorizándoles a continuar con la obra. El rey Darío no solamente dio permiso a que continuasen con la obra, ¡sino que dio órdenes que fuese financiado por el ministerio de hacienda!: “Por mí es dada orden de lo que habéis de hacer con estos ancianos de los judíos, para reedificar esa casa de Dios: que de la haciendo del rey, que tiene del tributo del otro lado del río, sean dados puntualmente a estos varones los gastos, para que no cese la obra” (v. 8). También mandó que les supliesen los animales para los sacrificios, trigo, sal, vino y aceite (v.9). En cambio el rey solicitó que orasen “al Dios del cielo” por su vida y por sus hijos (v. 10). “Entonces Tatnai gobernador del otro lado del río, Setar-boznai y sus compañeros hicieron puntualmente según el rey Darío había ordenado” (v. 13). ¡Asombroso! Una vez que los judíos se pusieron a hacer lo que Dios les había mandado, Dios les bendijo y suplió todo lo que les hacía falta, y esto ¡del tesoro del rey de Persia!
La cuestión de la financiación de nuestras iglesias evangélicas es un poco peliaguda. Algunos tienen reservas en cuanto a si las iglesias evangélicas deben recibir ayuda económica o terrenos para edificar de parte del gobierno y o de los ayuntamientos. Hay creyentes que opinan que no, y otros, igualmente fieles, opinan que sí. En este caso, los judíos que habían permanecido en Babilonia dieron dinero para la obra (Esd. 1:4), los que volvieron pusieron la mano de obra, los persas ayudaron con los gastos, y Dios bendijo la obra.
Se presentó la misma diferencia de proceder en el caso de Esdras y de Nehemías en cuanto a solicitar protección de parte del gobierno para los grupos de exiliados que volvían a Jerusalén desde Babilonia. Fue un viaje de meses por el desierto lleno de peligros de parte de bandas armadas de ladrones, y ellos llevaban dinero y provisiones. Cuando Esdras llevó un grupo de 5,000 no quiso que el gobierno de Persia le diese escolta. Él mismo lo explica: “Tuvo vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino; porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; más su poder y su furor contra todos los que le abandonan” (Esd. 8:22). Creía que sería de mal testimonio hacerlo. En lugar de solicitar ayuda del Gobierno, la solicitó de parte de Dios en ayuno y oración: “Y publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes” (8:21). Nehemías en cambio, la aceptó (Neh. 2:9). Aquí tenemos dos hombres de Dios: uno aceptó protección oficial y el otro no, y Dios bendijo a ambos.
A fin de cuentas todo el dinero del mundo pertenece a Dios (Hageo 2:8), tanto si procede de sus hijos o de los gobiernos de este mundo. Cada uno tiene que proceder según su consciencia y según la dirección de Dios, y también respetar a sus hermanos que sinceramente opinan de otra manera.