¡LA CASA SE TERMINÓ!

“Y los ancianos judíos construyeron y prosperaron, conforme a la profecía del profeta Hageo y de Zacarías bar Iddo. Y terminaron la edificación conforme al mandato del Dios de Israel, y al edicto de Ciro, al de Darío y al de Artajerjes rey de Persia” (Esdras 6:14).
¡Por fin fue terminada la obra!, a pesar de la intervención de los enemigos de Dios y las complicaciones burocráticos, con la colaboración de varios emperadores, con palabras directas de parte de dos profetas, y por medio de la evidente soberanía del Dios de Israel. Ya corre el año 516 a. C., 70 años después de la destrucción del Templo de Salomón en el año 586 a. C. Los 70 años de la cautividad cuentan desde la destrucción del Templo hasta su reedificación. ¡El que había estado fuera durante 70 años fue Dios!
Procedieron a su dedicación con gran gozo: “Y los hijos de Israel, los sacerdotes y los levitas, y el resto de los hijos del cautiverio, consagraron esa Casa de Dios con regocijo” (6:16). Lo primero que hicieron fue ofrecer sacrificios para la congregación pidiendo perdón por su pecado. Sacrificaron “víctimas expiatorias por todo Israel, según el número de la tribus de Israel” (v. 17). Pedir perdón tiene que ser prioritario en nuestras vidas también, a diario, al re-dedicar nuestros templos personales a Dios.
“Y los hijos de la cautividad hicieron la Pascua el catorce del mes primero” (v.19). ¡Fue la primera vez que lo habían celebrado en muchos años! Estaban recordando como Israel había salido de Egipto y ellos mismos habían salido de Babilonia por la poderosa mano de Dios. Nosotros igualmente somos “hijos de la cautividad”, la cautividad espiritual, y celebramos nuestra Pascua recordándolo.
“Y celebraron con regocijo la fiesta solemne de los panes sin levadura siete días, por cuando Jehová los había alegrado, y había vuelto el corazón del rey de asiria hacia ellos, para fortalecer sus manos en la obra de la casa de Dios, del Dios de Israel” (v. 22). (Los reyes de Babilonia y Persia se consideraban reyes de Asiria). Los judíos habían visto como Dios cambió la situación política a su favor y tuvieron mucho gozo al ver la Casa de Dios completada y lo celebraron con profundo agradecimiento a Dios.
¡Cuán grande va a ser nuestro gozo cuando veamos la Casa de Dios completada, la que el Señor Jesús está construyendo! Se hará a pesar de la oposición del enemigo, a pesar de complicaciones legales, por la intervención de los profetas en la forma de la Palabra de Dios llegando en el momento preciso para darnos la corrección y el ánimo necesarios, con trabajo duro y arduo por nuestra parte, y por la ayuda soberana de nuestro Dios, “conforme al mandato del Dios de Israel”. Él ha dado el orden y esta Casa se construirá. Y lo celebraremos con la Pascua, las Bodas del Cordero, esta vez no con el cordero sacrificado, sino con el Cordero resucitado y vivo, Él que fue muerto y vive por los siglos de los siglos. Grande será nuestro gozo en aquel Día y hermosa la Casa completada, para la eterna gloria del Dios de Israel.