¿QUIÉN ESPERÓ A QUIÉN?

“En este tiempo se levantaron Zorobabel y Jesúa y comenzaron a edificar la Casa de Dios” (Esdras 5:2).
Alguien podría preguntar: “Si Dios era capaz de hacer que el rey diese con el mandato de edificar, y no con el documento escrito posteriormente negando el permiso, ¿no podría haber impedido el orden de hacer cesar la obra? ¿Por qué permitió que la obra fuese parada durante 16 años?” Al cual respondemos: El emperador dio un orden de cesar la obra, pero Dios no dijo que cesase. Temían las represalias. Cuando aún estaban en Babilonia, Dios había despertado al espíritu de los judíos que volvieron para trabajar en la obra del Templo, y esto, hasta verlo terminado. El caso es que al final reanudaron la obra sin los permisos. Igualmente podrían haber seguido en la obra sin autorización, dejando las consecuencias en manos de Dios. No se sabe lo que habría sucedido. Esta parte de la historia no está escrita. Los más ancianos murieron en el intervalo sin ver la obra completada. Da mucha pena. Se habría evitado si hubiesen continuado a pesar de la oposición política. Es lo que finalmente hicieron de todas formas, después de la bronca que recibieron de Hageo (Hageo 1:2-4). Esto explica por qué Dios no les mandó una palabra profética de consuelo diciendo: “Habéis tenido paciencia. Aprobaste la prueba de la larga espera. Ahora ha llegado en tiempo en que voy a obrar y os voy a conseguir los permisos para que podáis volver a la obra”. Al contrario. Les recrimina el lapsus sin trabajar. Y les manda volver a reconstruir. Notemos: Cuando se presentaron complicaciones con la ley, ellos apelaron al primer edicto de Ciro. Este es el que Dios honra. Es el que vale, el único permiso que hizo falta y el que Dios honró consiguiéndoles todos los materiales que necesitaban.
Si hubiese sido la voluntad de Dios que esperasen 16 años, no les habría recriminado la inactividad durante estos años, ni tampoco les habría castigado con la sequía. ¿Por qué nos detenemos con estas consideraciones? Porque puede ser que hayamos estado esperando muchos años a que Dios se mueva para hacer algo que deseamos con todo nuestro corazón, mientras que todo el rato Dios ha estado esperando que nosotros hagamos lo que nos mandó hacer en el primer lugar. Nosotros pensamos que hemos tenido fe y paciencia y que Dios ha demorado mucho, mientras que el paciente ha sido Dios. Jesús nunca tuvo la actitud de que no es tiempo para hacer la obra de Dios. Dios había puesto en el corazón de los judíos volver y construir el Templo y nunca mandó una palabra diciendo que dejasen de trabajar durante 16 años. No vino un nuevo decreto legal dándoles permiso hasta que no empezaron a trabajar sin los permisos. ¿Qué hacen nuestros hermanos perseguidos en Asia, medio Oriente y África? Evangelizan sin permisos y pagan las consecuencias. Nunca ha habido tantos mártires o tantos convertidos al evangelio.
Puede que tengamos que volver a la Palabra, volver a plantearnos lo que Dios nos ha mandado hacer, y ponernos a hacerlo; dejar de pensar que hemos tenido mucha paciencia con Dios y darnos cuenta de que Dios ha tenido mucha paciencia con nosotros. Sería cuestión de rectificar, poniéndonos a trabajar en lo que Dios nos ha mandado hacer ya hace mucho tiempo. Zorobabel ya era muy mayor, pero sus manos terminaron la obra que empezó, la que emigró de Babilonia para realizar cuando era mucho más joven. Él puso la primera piedra y él puso la última. Y tuvo la enorme satisfacción de ver la obra del Templo terminado. Así sea con nosotros también.