UN HERMOSO CUMPLIDO

“Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos” (Filemón 1:7).
Pablo, escribiendo a Filemón, le dio este hermoso cumplido. Raras veces hablamos con un hermano acerca de lo que su amor ha significado para nosotros. Parece que es un tema reservado para novios o esposos. En el mundo tan pervertido en que vivimos, hablar del amor de una persona para con nosotros puede tener malas connotaciones. En otra traducción, la expresión de Pablo es muy personal: “Hermano, tu amor me ha dado mucha alegría y consuelo, porque muchas veces tu bondad reanimó el corazón del pueblo de Dios” (Fil. 1:7, NTV). Pablo disfruta del amor de Filemón. Sabe que Filemón le ama. Sin duda alguna Pablo le ama a él. El amor en Cristo que podemos sentir los unos por los otros puede llegar a ser muy profundo. Pablo ha recibido gozo y consuelo por medio del amor de su hermano.
Se refiere a él como “hermano”. En el mundo no hay equivalente. Un hermano no es lo mismo que un colega, un compañero, un amigo, un colaborador, pero participa de todas estas cosas. Es una relación que no has buscado. Te viene dado porque esta persona ha nacido de nuevo por el Espíritu de Dios y ha sido incorporado en la familia de Dios y comparte el mismo Padre que tú tienes. Ha sido lavado por la misma sangre que te lavó a ti, y perdonado por la misma gracia que tú conoces; comparte tus deseos y anhelos, va rumbo al mismo destino; es una relación que va a permanecer para siempre. Tenéis lo más importante en común. Pensáis iguales. Hay hermanos en Cristo que pueden ser mucho más íntimos que hermanos en la carne. Tu mejor amigo, si no es creyente, no tiene tanto en común contigo con un hermano en la fe. Pablo amaba a sus hermanos entrañablemente y muchos de ellos correspondían. Él valoraba su amor. Cuánto más cerca está cada uno al Señor, más intensa la relación que nos une.
Pablo necesitaba consolación. Esto nos puede extrañar. Podríamos pensar que su relación con el Señor era tan profunda que no necesitaba nada de nadie, pero lo que dice nos da a entender que necesitaba consuelo humano también. Su vida habría sido muy solitaria si no hubiese sido por hermanos como Filemón. En sus viajes, aunque estuviese lejos de él, solo acordarse de este hermano le daba gozo y consuelo. Pablo tenía el gozo del Espíritu Santo, pero también necesitaba el gozo de la relación con sus hermanos. Hay hermanos cuyo amor nos da gozo. Esto es muy grande. Cuando estamos sufriendo dolor físico, problemas, disgustos, su amor nos alegra y nos alienta. Dios se vale de ellos para animarnos y consolarnos.
Filemón era una persona que practicaba el amor fraternal, no como obligación religioso, ni con el saludo cordial en la iglesia el domingo, sino con un amor entrañable que le salía del alma y conectaba con sus hermanos. Llegaba a sus corazones trayendo el mismo consuelo de Dios. Filemón no solo amaba a Pablo, amaba al pueblo de Dios y ministraba a los santos dándoles consuelo, ánimo, gozo y alegría. Vivimos en un mundo que aporta desánimo, desconsuelo, soledad, estrés, preocupación, conflicto, ansiedad, problemas económicos, laborales, familiares, relacionales, y muchas clases de sufrimiento. Necesitamos consuelo y ánimo. Necesitamos sentirnos amados. Necesitamos el gozo del Señor. Sin estas cosas, la vida es triste. Vamos a proponer ser como Filemón, un servidor del amor, gozo y consuelo de Dios para nuestros hermanos.