DEMI

“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas” (Ec. 9:10).
“No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo” (Prov. 3:27).

Es imposible dejar el tema de Montornés sin hablar de Demi. Ella es la última persona del mundo que llamaría la atención a sí misma, pero está en el corazón de todos los que la conocían. Si no me equivoco, su marido fue uno de los que empezaron la obra en este pueblo, pero no porque tenía miras de abrir obra, sino porque era natural juntarse para orar con otros creyentes de la misma empresa que también fueron llevados a trabajar en este gran polígono industrial que no tenía testimonio del evangelio. Vivía en Barcelona y trabajaba en Montornés. Su esposa, Demi, se interesó por el humilde polígono que no tenía posibilidad de oír el evangelio, y empezó a subir allí con frecuencia, siempre cargada con bolas de comida y ropa para ayudar a gente pobre de la zona y hablarles del Señor. Durante veinte años esta mujer subía en el tren que solo llegaba hasta el pueblo anterior. Cubría el resto de la distancia a pie, llevando bolsas, cosa más extraordinaria aún porque tenía un problema con los pies y le dolía andar.

Cuando su marido falleció, pocos meses antes de la boda de su único hijo, no se quedó sola. Nada más casarse, la joven pareja la llevaron a vivir con ellos, y los tres, Demi, su hijo y su nuera, continuaron la obra. Tenían un sentido de familia, y del deber, y de hacer aquello que el Señor les ponía entre manos, sin dudar un momento. En algunas cosas, no es necesario buscar la voluntad de Dios porque viene implícita en su Palabra. No oraron: “Señor, ¿quieres que cuidemos a mi madre/suegra?”. Era lógico que sí. En la programación de Dios, cuando Demi falleció, muchos años más tarde, los padres de la nuera ya necesitaban cuidados y ella tuvo los dos viviendo con la familia hasta que el Señor se llevó al uno y luego a la otra. Así fue su entendimiento de lo que es la familia en el plan de Dios, y este concepto de familia formó parte de la mentalidad de la iglesia que se fundó en Montornés como familia de Dios. Era un proyecto familiar y eran familia. No hacía falta una revelación de Dios para comprender lo que el Señor esperaba de ellos, era evidente, y lo llevaban a cabo con mucho amor, tanto por los padres, como para el Señor.

Volviendo a Demi, pues durante veinte años subía al polígono, siempre ayudando a los necesitados y llevando el evangelio a las casas. Todo el mundo llegó a conocerla y respetarla. Era una figura apreciada y amada en el pueblo. Ver a Demi por las calles, subiendo escaleras, enseñando la Biblia en las casas, formaba una parte normal de la vida en Montornés. No se sabe cuánta gente oyó el evangelio y llegó a conocer al Señor por medio de ella. Ya hace años que Demi está con el Señor a quién servía fielmente haciendo aquello que le ponía entre manos, pero aun en el día de hoy los mayores del pueblo hablan de ella. La recuerdan con mucho cariño.

“¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sión: ¡Tú Dios reina!” (Is. 52:7).