LA IGLESIA VENCE AL MUNDO

“Después alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro cuernos… Me mostro luego Jehová cuatro carpinteros” (Zac. 1:18, 20).
En la primera visión vimos que los ángeles de Dios y los creyentes colaboramos sirviendo al mismo Dios. Hay una relación estrecha entre el cielo y la tierra. Dios envía ángeles de patrulla para recorrer la tierra y dar su informe y, según lo que ven, el Señor de los ángeles, nuestro amado Señor Jesucristo, intercede al Padre para establecer justicia en la tierra y adelantar su reino. Nosotros, guiados por el Espíritu Santo, pedimos lo mismo, de manera que ¡el mismo clamor llega a los oídos del Padre desde el cielo y desde la tierra!
En la segunda visión tenemos cuatro cuernos y cuatro carpinteros, una equivalencia que nos da a entender que los cuatro débiles son suficientes para contrarrestar los cuatros fuertes. Vamos por partes. En el simbolismo bíblico los cuernos representan poder. Un animal agresivo ataca con los cuernos. (Por ejemplo, los cuernos en el altar de incienso representan oraciones poderosas.) En esta visión los cuatro cuernos representan Asiria y Babilonia que han atacado y dispersado a Israel, Judá y Jerusalén, como animales salvajes, destrozando brutalmente la nación y llevando su gente cautivo a otras tierras. Algunos judíos habían vuelto de la cautividad, pero la inmensa mayoría de los israelitas seguía dispersada y todavía no se ha hecho justicia con todas las atrocidades cometidos contra ellos. Si Dios gobierna este mundo, ¿cómo establece justicia? Esta es la pregunta que esta visión contesta.
La respuesta son los cuatro carpinteros, pero es difícil de comprender a primera vista. La palabra hebrea traducido carpinteros se usa para describir el oficio de los artesanos que trabajaban en la construcción, y más tarde en la reparación y reedificación del templo. Es esta gente sencilla que Dios usa para derrocar el poder del enemigo. Siempre son los débiles los que Dios usa para derrocar a los poderosos. La edificación de la casa de Dios, entiéndase el reino de Dios, es lo que finalmente va a derribar los poderes de este mundo. Incluye la construcción del templo de Dios en Jerusalén, pero mucho más que esto. Es la extensión del reino, la edificación de la iglesia de Cristo en este mundo lo que finalmente traerá el juicio de Dios y establecerá justicia en la tierra.
Un ejemplo lo tenemos en el arca de Noé. De hecho, ¡era carpintero! “Noé, con temor preparó el arca en que su casa se salvase, y por esta fe condenó al mundo” (Heb. 11:7). Noé predicó la Palabra de Dios mientras construía el arca. La gente tuvo la oportunidad de salvarse pero hizo caso omiso a la advertencia y pereció en el juicio. Así Dios juzgó a los malos y estableció justicia en la tierra.
Parece insignificante la predicación del evangelio. Nuestra participación en la iglesia parece de poca monta. Las grandes ONGs que trabajan a favor de una política justa y ayuden a los oprimidos parecen más importantes, pero, sin menospreciar su labor en absoluto, lo que finalmente va a triunfar sobre los reinos injustos de este mundo es el reino de Dios, tal como vimos en la visión de Daniel en la cual una roca tosca derrumba la estatua que representa los reinos de este mundo. La roca es Cristo sobre la cual Él edifica su iglesia que crecerá hasta llenar la tierra. Como dice el comentarista: ¡Qué Dios nos convierta en buenos carpinteros en su proyecto de edificación!