LA TEMPORALIDAD DEL HOMBRE Y LA ETERNIDAD DE LA PALABRA DE DIOS

“Vuestros padres, ¿dónde están? Y los profetas, ¿han de vivir para siempre? Pero mis palabras y mis ordenanzas que mandé a mis siervos los profetas, ¿no alcanzaron a vuestros padres?” (Zac. 1:5, 6).
Zacarías tiene su libro dividido en dos partes. La primera consiste en 8 visiones (capítulos 1 a 6), y la segunda en 2 oráculos (capítulos 7 a 14) que se basan en las visiones de la primera. El tema del libro es la futura venida del reino de Dios. La preparación para el reino es el arrepentimiento. Esto nos recuerda el comienzo del ministerio del Señor Jesús: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17), haciéndose eco de las palabras de Juan el Bautista quien dijo lo mismo: “En aquellos días vino Juan el Bautista en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:1, 2). El arrepentimiento ha sido la experiencia previa de cada persona que ha llegado a formar parte del reino de Dios. Sin él no somos aptos a entrar debido al pecado nos vetaría la entrada.
Así Zacarías empieza su libro recordando a sus oyentes la necesidad de volver a Dios por el viejo camino de siempre, y de las consecuencias si no lo hacen: “Se enojó Jehová en gran manera contra vuestros padres. Diles, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos” (1:2, 3). Es un mandato seguido por una maravillosa promesa. Han vuelto de la cautividad, ahora tienen que volver al Señor.
Tienen muy presentes las consecuencias de la desobediencia y la rebeldía contra Dios. Viven en medio de las ruinas de la destrucción de su ciudad a casusa del pecado de sus padres. Sus padres no habían atendido a la voz de los profetas anteriores. Dios les dice: “No seáis como vuestros padres, a los cuales clamaron los primeros profetas, diciendo: Así he dicho Jehová de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon, dice Jehová” (1:4). Y el trágico resultado lo tienen muy presente. Sus padres habían muerto o bien por el ejercito babilónico o bien en la cautividad. La palabra de Dios por los profetas anteriores se había cumplido. Los profetas también se habían muerto, pero la Palabra de Dios permanece igual. Ahora Zacarías está predicando el mismo mensaje que los profetas anteriores habían predicado a sus padres: “Volveos a mí”. Los padres no hicieron caso. ¿Harán caso ellos?
Esta generación está muy consciente que es verdad todo lo que el profeta está diciendo. Dijeron: “Como Jehová de los ejércitos pensó tratarnos conforme a nuestros caminos, y conforme a nuestras obras, así lo hizo con nosotros” (1:6). A Dios le dan la razón. Dijo e hizo. Les avisó que la consecuencia de su rebeldía sería catastrófica, y lo fue. Han aprendido la lección. Dios no ha cambiado. Su palabra no ha cambiado y su invitación sigue estando abierto: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros”. Este es el comienzo del evangelio. Hemos pecado y hemos de volver al Señor, y si lo hacemos, Él nos recibirá. Si no, las consecuencias son peores que la cautividad babilónica. Hay un cielo para ganar y un infierno para evitar, y en medio de los dos está la promesa de un amoroso recibimiento si nos arrepentimos.