OBLIGACIONES DE LA IGLESIA CON SUS PASTORES (1)

“Los ancianos que gobiernan bien, sean tenido dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar” (1 Tim. 5:17).
En esta epístola, el apóstol Pablo ya ha enseñado sobre los dones y cualidades necesarios para ser nombrado pastor o anciano (3:1-7). Ahora hablará de las obligaciones de la iglesia para con ellos. Tocará el tema de su remuneración económica y el de la crítica contra ellos. En este primer apartado, Pablo habla de “ser dignos de doble honor”. Significa más de que sean respetados y honrados. Es un eufemismo que significa “doble salario” o “remuneración generosa”: “Pues la escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario” (v 18). No significa doble sueldo literalmente, sino un sueldo amplio y generoso, no demasiado, ni demasiado poco. Tener mucho dinero es una tentación y tener poco crea otros problemas: “No me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios” (Prov. 30:8, 9). Tenemos que contentarnos con lo que tenemos, suficiente para vivir, ni mucho, ni poco. En una congregación grande como la de Éfeso, pueden descuidar del salario del pastor. En una pequeña no tienen muchos medios. Tienen obligación hacia las viudas (5:3-16) y obligación hacia sus pastores, y para ello hay que administrar bien las ofrendas.
Es necesario evaluar su ministerio: si no cumplen bien, no son dignos de “doble honor”. ¿Quién decide en cuanto a su salario? La iglesia. En este caso, Timoteo evaluaba, en la nuestra, la asamblea decide. Hay que evaluar los ministerios de los ancianos, si gobiernan bien, si velan por los intereses de la iglesia y su buen funcionamiento, si cuidan de la gente. Pablo es realista. Algunos ancianos lo son por motivos no espirituales. Son interesados, buscan prestigio, el título, reconocimiento, o poder. El que no trabaja para cuidar a la gente no merece el salario. ¿Qué tal su ministerio de enseñanza? Algunos enseñan bien. Tienen dones para hacerlo. Otros están en la administración. Otros atienden a los miembros, conversan, escuchan, aconsejan. Otros tienen dones de púlpito. No todos tienen la misma mezcla de dones. Los enseñadores son dignos de ser remunerados. El que es prepara estudios no suele tener tanto contacto directo con la gente como el que visita. Este último suele ser más popular pero, ojo, no hay que descuidar a los que se dedican a la enseñanza. Para un buen pastor, no sobra tiempo libre. Un pastor concienzudo está ocupado con el teléfono, visitas y preparaciones de mensajes. Lleva la situación de la iglesia en su corazón, y esto es un desgaste emocional. Los hombres con unción y poder deben ser apreciados, aun cuando no hacen visitas. Si están encerrados en sus libros y se preocupan poco de la gente, fallan, pero también fallan los hay que dedican tiempo a la gente porque les gusta la vida social, café y caña y nada más.
La predicación puede ser fascinante o seca, pero lo importante es su contenido. ¿Son fieles a la Palabra? Cuando se evalúa el ministerio de los ancianos, ¿quiénes son los verdaderos portadores de la Palabra con unción? El v. 17 no significa que todos necesitan un sueldo. Pablo, por ejemplo, tenía el derecho de recibir dinero, pero lo renunció para no ser de carga para la iglesia (1 Cor. 2:6). Hacía tiendas de día y visitas por la tarde. No obstante, la iglesia tiene la responsabilidad para cuidar económicamente de los siervos fieles. …/…

[1] Estudio dado por David Burt en la Iglesia de la Alianza, calle Vilamarí, Barcelona.