OBLIGACIONES DE LA IGLESIA CON SUS PASTORES (2)

“Pues la escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario” (1 Tim. 5:18).
Este texto es la base bíblica para la remuneración económica de los pastores. No se trata de una opinión humana. En las escrituras del Antiguo Testamento, Dios enseña que hay que dejar comer el buey cuando trilla. Trabaja y come de su trabajo. Tiene el derecho de comer. Hay que entenderlo metafóricamente. Dios dice que el obrero es digno de su salario. La iglesia no debe ponerle bozal. Al enviar a sus discípulos a evangelizar, el Señor Jesús les dijo: “No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento” (Mat. 10:9, 10). Pablo hace referencia a este texto: “Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1 Cor. 9:14). Dios proveerá y lo hará por medio de los beneficiados: “No llevéis bolsa… comiendo y bebiendo de lo que os den; porque el obrero es digno de su salario” (Lucas 10:4-7). Lucas era amigo de Pablo. Cuando Pablo estuvo preso en Cesarea de Filipos, Lucas estuvo con él. Lucas y Pablo hablaban juntos de la vida de Jesús. Posiblemente Lucas usó el tiempo para viajar por Galilea recabando información para su evangelio. Lucas fue escrito antes de 1 Timoteo y Pablo aquí lo cita. Notemos que conceden a las palabras de Jesús el mismo valor que a los escritos del Antiguo Testamento. La responsabilidad de la iglesia es proveer para sus pastores. No es una sugerencia, sino un mandamiento divino. Tener motivaciones materialistas es reprochable, pero también lo es no cuidar de los siervos de Dios.
“Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos” (1 Tim. 5:19).
Los pastores, como todas las figuras públicas, suelen ser objetos de murmuración. Reciben más críticas que nadie. Hay que frenar las malas lenguas de la congregación. Los pastores no son intocables, pero, si fallan, hay que corregirlos debidamente como se nos enseña en Mateo 18. Primero hay que hablar con ellos personalmente y escuchar su respuesta. Puede ser un malentendido. Si los testigos coinciden y el pastor no quiere rectificar, la congregación tiene que tratar el asunto, y es necesario que se haga. El ministerio se presta a muchos malos entendidos y a la calumnia de parte de los no creyentes. Pablo mismo tuvo que defenderse contra la murmuración. El mundo no entiende el amor entre cristianos y piensa mal de las expresiones del amor entrañable que existe entre nosotros, y de allí también puede venir calumnia. Por esto los pastores deben cuidar sus reputaciones. No deben pastorear a una mujer a solas. No deben llevar las finanzas de la iglesia. Algunos tienen al pastor como enemigo porque los ha descubierto. El creyente no debe escuchar solo un lado de la historia y formar su opinión en base a él, sin escuchar el otro lado. Hay que ser muy sabio para defender la reputación del pastor. La iglesia no debe escuchar rumores sin testigos, y éstos deben ser creyentes.
En conclusión: La iglesia debe tomar dos medidas concretas en cuanto a sus pastores:
Debe cuidar de su sostenimiento, es decir, librarles del trabajo secular para que tengan tiempo para el ministerio.
No debe escuchar rumores en contra de ellos sin dos o tres testigos.