¿POR QUÉ ESTUDIAR EL ANTIGUO TESTAMENTO?

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Tim. 3:16).
El autor del comentario sobre Zacarías, Barry Webb, (Comentario A. T. Andamio) insiste mucho en que el creyente debe conocer el Antiguo Testamento, que no debe prescindir de él pensando que es innecesario puesto que ya tenemos el Nuevo. Yo, en cambio, nunca he insistido en ello, porque lo considero tan obvio que cae por su propio peso. El Antiguo Testamento y el Nuevo forman un solo libro con un solo mensaje que se desarrolla desde Génesis hasta Apocalipsis. Sin entender el Antiguo Testamento no se aprecia bien el Nuevo. El mismo Dios se revela en todas sus páginas, desde la primera hasta la última. El Dios Creador que habló la Palabra, el Verbo Divino, y el Espíritu de Dios que se movía sobre la faz de las aguas están presentes en el capítulo 1 de Génesis y cierran la Biblia en su última página: Dios Padre está para abrir el Libro de la Vida y dar la palabra que comienza la nueva creación; el Verbo está para crear nuevos cielos y nueva tierra; y el Espíritu y la Esposa le suplican que lo haga ya. Todo está para empezar de nuevo, pero ahora el hombre está preparado para volver al Paraíso porque la Cruz ha tenido lugar. La Cruz es el propósito de la existencia del intervalo entre Génesis y Apocalipsis que nosotros llamamos “la historia”.
En el principio Dios puso el hombre que había creado en el Paraíso donde estaba el árbol de la Vida, pero cuando el hombre pecó, le fue vetado acercarse al él, para no vivir para siempre en su condición caída. El camino a la vida eterna le fue cortado hasta que vino uno cuyo Nombre es el Camino, y lo abrió por su costado abierto; pasamos por este Camino para llegar a la Vida. Al final de la Biblia tenemos el hombre redimido, poseedor de la Vida eterna, de nuevo en el Paraíso de Dios, esta vez con acceso directo al Árbol de la Vida cuyas hojas son para la sanidad de las naciones (Ezequiel y Apocalipsis). Es un solo Libro.
El comentarista señala que el Antiguo Testamento fue la Biblia de Jesús “al cual recurría en sus luchas espirituales personales y al que constantemente se refería en su enseñanza”. Solo saber esto debería motivarnos a conocerla. La queremos leer a través de sus ojos, para ver lo que Él vio, enseñados por su Espíritu.
Los lectores de estos devocionales diarios habrán visto como el Señor nos ha ido abriendo el Antiguo Testamento al ir meditando en los libros de Isaías, Jeremías, Daniel, Hageo que hemos comentado, y el de Zacarías que estamos ahora comenzando. Y también se habrán dado cuenta de que mi concepto (perdona la nota personal) de un tiempo devocional no es el de leer un versículo bonito para armarnos con un pensamiento hermoso para empezar el día con una nota positiva, sino el de indagar en las Escrituras y meditar en ellas hasta comprenderlas, para recibir la revelación de Dios encerrada en ellas. La Biblia no es un mero libro de pensamientos bonitos, es una ventana abierta al cielo para estudiar la hermosura de la brillante mente de Dios cuya belleza nos transforma al ir contemplando su gloria, como si fuera en un espejo, visión que nos transforma a su imagen (2 Cor. 3:18). Lo nuestro es indagar, acatar y adorar. Por tanto, nos acercamos al libro de Zacarías, con la petición: “Señor, muéstrame tu gloria. Quiero ver a Jesús en sus páginas, y quiero ser consecuente con lo que me vas a enseñar”. Quitamos nuestros zapatos al abrir el libro de su profecía, porque el terreno que vamos a pisar es sagrado.